Papitu
Bibliografía

Capdevila, Jaume:

Papitu (1908-1937). Sàtira, erotisme i provocació, Efadós, El Papiol, Barcelona, 2014.

Perucho, Joan:

Papitu, Editorial Tàber, Barcelona, 1968.

Solà Dachs, Lluís:

Papitu i les publicacions eroticosicalíptiques del seu temps, Ed.Duxelm, Barcelona, 2008.

VV.AA.:

Psicalíptics. Erotisme i transgressió a les revistes il·lustrades del principi del segle XX, Museu d'Art de Sabadell, Sabadell, 2004.

VV.AA.:

Papitu, Edicions Facsímil, Barcelona, 1977.

Papitu

Con un primer número publicado en Barcelona el 25 de noviembre de 1908, Papitu inició su recorrido periodístico. Tuvo uno de los recorridos más largos entre los semanarios en catalán, sólo superado por La Campana de Gràcia y L’Esquella de la Torratxa, truncado el 7 de enero de 1937 después de 1.450 números. Fue innovador en el género satírico-erótico y dio lugar a una amplia corriente de imitadores.

Papitu fue una iniciativa del pintor, dibujante y tratadista de arte Feliu Elias Bracons, que como caricaturista empleaba el seudónimo Apa y que había empezado a darse a conocer en 1902 como humorista gráfico en el semanario ¡Cu-Cut!. Fue financiada con el dinero que su fundador había obtenido de la venta de una zapatería recibida en herencia.

La ideología catalanista de izquierdas de la nueva publicación molestó en ¡Cu-Cut! (adscrito a los postulados catalanistas de derechas de la Lliga Regionalista), y la libertad con la que la cabecera novel trataba los temas eróticos provocó el rechazo de las autoridades eclesiásticas, cuyas indicaciones seguía mayoritariamente la burguesía catalana. Todo ello condujo a la salida de Apa de ¡Cu-Cut!, a la renuncia de algunos dibujantes, como Ismael Smith, a seguir colaborando en Papitu y a la adscripción de éste al Centre Nacionalista Republicà, partido catalán izquierdista que había surgido de una escisión de la Lliga Regionalista. Pero el semanario continuó a pesar de todas estas dificultades, a las que se añadía el hecho de que la censura del Gobierno Civil, ante la que era obligado presentar los ejemplares que se pretendía sacar a la calle, obligaba a veces a retirar los dibujos más llamativos por motivos morales.

Papitu gozó de dibujantes y escritores de gran calidad. Así, en el primer número, en la parte gráfica, destacan, además del propio Apa, Ramon Casas, Pere Ynglada Yda, Josep Maria Junoy, Ismael Smith y Joan G. Junceda (Jafet). En números posteriores se añadieron Juan Gris, Francesc Labarta (Lata), Isidre Nonell (que utilizaba los seudónimos Josué y Noé), Joan Colom (Adam), Remigi Dargallo (Remigius), Manuel Humbert, Marià Pidelaserra (Pius), Xavier Nogués (Babel), Frederic Borràs (Lotus), Josep Mompou, Romà Bonet (Bon) y muchos otros. Entre los literatos, cabe mencionar a Pompeu Gener, Eugeni d’Ors (Xenius), Josep Carner, Francesc Pujols Arpol, Ramon Raventós (que firmaba Moni y Taine) y Salvador Vilaregut. Unos y otros se expresaban con una libertad desacomplejada desconocida hasta entonces en Cataluña, tanto en el aspecto político como en el moral, aunque sin incurrir en groserías.

Papitu se imprimía en el taller gráfico Horta, con el que pronto se produjeron retrasos en los pagos porque el semanario, pese a su evidente calidad y a que sólo costaba diez céntimos el ejemplar, no alcanzaba el éxito de venta que precisaba para ser rentable. Ello condujo a que, a partir de septiembre de 1911, Feliu Elias (Apa), agotada su capacidad económica, abandonara Papitu en manos de sus acreedores: el político Oriol Martorell, que financiaba parte de la edición, y el impresor. Éstos erigieron director a Francesc Pujols con la indicación de que incrementara los contenidos picarescos. De ahí que éste publicara en el número 149 (04-10-1911) un editorial titulado La caiguda de la fulla en el que señalaba que "amb motiu de la caiguda de la fulla, temps de l’any en que la divina Barcelona torna a sortir de la capsa, el nostre afortunat setmanari promet servir lo bo i millor d’aquest món, sempre dintre del ram que ell conrea. Pel que respecta al ram verd, que tant lluc ha pres en els ben regats horts d’aquesta casa, no cal dir sinó que serà augmentat i corregit per la mateixa caiguda de la fulla, o sigui, parlant en plata, que caiguda la fulla que amaga el que no es pot veure apareixerà amb tot el seu esplendor el que fins fa quatre dies havia romàs mig amagat” (“con motivo de la caída de la hoja, la época del año en la que la divina Barcelona vuelve a salir de la caja, nuestro afortunado semanario promete servir a lo mejor de lo mejor de este mundo, siempre dentro del ramo que cultiva. En lo que respecta al ramo verde, del que tantos brotes han salido en los bien regados huertos de esta casa, no hay más que decir sino que será aumentado y corregido por la misma caída de la hija, es decir, hablando en plata, que una vez caída la hoja que oculta lo que no se puede ver aparecerá en todo su esplendor lo que hasta hace unos días había permanecido medio oculto”).

Esta mayor deriva sicalíptica provocó incomodidad entre algunos colaboradores, que abandonaron la publicación (primero Nogués, Humbert y Aragay y luego Dargallo, Colom y otros). Sin embargo, Papitu, que ya era considerablemente popular (sobre todo en las barberías masculinas, que eran lugares de encuentro y tertulia), aumentó sus ventas.

Francesc Pujols tuvo el acierto de crear una sección en la que contestaba con gracia y talento a los lectores. También atrajeron las parodias de canciones de moda y los textos en castellano repletos de catalanadas del periodista Antoni Rué i Dalmau (que firmaba Buendía Gassol), que ofrecería crónicas inventadas de la Primera Guerra Mundial y ocupaba una página con su diario humorístico El Día Bético. A la vez, crecieron los dibujos anónimos o rubricados con pseudónimos.

A finales de 1916 un tal Illescas apareció como dueño. Luego la propiedad pasó al librero Francisco Granada hasta que finalmente se hicieron con ella los amos de los Talleres Gráficos Costa. En 1923, tras el golpe de estado de Miguel Primo de Rivera, Papitu fue suspendido y en su lugar apareció Pakitu, que se mantuvo hasta el 16 de junio de 1926 con un total de 142 números, que fueron asumidos por la numeración de Papitu cuando reapareció el 20 de octubre de 1926 (número 918). La publicación no celebró su número mil, si no el 1.001, con una edición de 32 páginas y portada a color que se vendió a treinta céntimos el ejemplar.

Al estallar la Guerra Civil española, el Sindicat Professional de Dibuixants, creado pocas semanas antes, se incautó de la publicación, inaugurando una nueva numeración complementaria junto a la tradicional para mejor expresar el inicio de una nueva etapa en la que se deseaba poner a la publicación Papitu al servicio del pueblo y recuperar su humor primigenio, despojándolo de todo significado erótico. Esta época duró sólo 16 números, con portadas y contraportadas de dibujantes como Jaume Juez (Xirinius), Feliu Elias (Apa), Antoni Roca, Josep Narro, Joan G. Junceda y otros. También contenía una sección en que se trazaban semblanzas de dibujantes del momento, en la que encontramos a la mayoría de los dibujantes ya detallados, además de Shum, Alfred Pascual Benigani, Josep Bartolí, Helios Gómez, Choliol, Jacint Rofarull o Jaume Bagaria, entre otros.