Oriflama
  • Subtítulo: Revista de juventud
  • Oriflama 1ª época:
    • Origen: 04/1961
    • Desaparición: 10/1976
    • Numeración: 167
    • Medidas: 28 x 21 cm.
    • Formato: Revista
    • Editor: Oriflama Edicions (Bisbat de Vic)
  • Oriflama 2ª época:
    • Origen: 27/05/1977
    • Desaparición: 17/12/1977
    • Numeración: 30
    • Medidas: 28 x 21 cm.
    • Formato: Revista
    • Editor: Oriflama Edicions
  • Formato: Revista
  • Idioma: Catalán
  • País: España
  • Enlaces: El cómic en català, Enciclopèdia Catalana, Nació Digital, Racó (PDF), Tebeosfera, Viquipèdia
Bibliografía

Codina, Núria:

Aproximació a "Oriflama": una revista catalana sota el franquisme, Col·lecció Recerca ; 1, Publicacions Col·legi Sant Miquel dels Sants ; Editorialdiac, Vic, 2005.

Huertas Claveria, Josep M.:

Cinc revistes catalanes entre la dictadura i la transició, Col·lecció Vaixells de Paper (pàgs. 53-76), Diputació de Barcelona, Barcelona, 1987.

Riera Pujal, Jordi:

El còmic en català. Catàleg d'àlbums i publicacions (1939-2011), Ediciones Glénat, Barcelona, 2011.

Oriflama

La historia de esta publicación se puede dividir en dos etapas distintas. La mensual (de abril de 1961 a 1976) y la semanal (del 27 de mayo a 1977 al 17 de diciembre de 1977), aunque la primera es la más conocida e importante y la segunda se reduce a poco más de seis meses.

En abril de 1961, con apoyo del Obispado de Vic (siendo obispo Ramon Masnou), apareció Oriflama, que vivió la triste experiencia de ser una revista escrita en catalán en la España franquista porque, en aquella época, tenía consecuencias muy distintas publicar una misma noticia en un medio en lengua catalana que en uno en lengua castellana. Oriflama apareció como una separata de la revista diocesana Casal, con un subtítulo que rezaba “Servicio Castrense de la diócesis de Vic” puesto que se suponía que se dirigía a los jóvenes que se disponían a realizar el por aquel entonces obligatorio servicio militar. Era de publicación mensual y alternaba artículos en catalán y en castellano, llegando incluso a gozar de redactores procedentes del estamento militar. Esta publicación desapareció en 1967 cuando, en cumplimiento de la Ley Fraga, la revista tuvo que inscribirse en el Registro de Empresas Periodísticas.

La revista estaba dirigida por el padre Joan Cortès i Tossal, pero fue sustituido por el periodista Josep Maria Huertas Claveria en 1968 y pronto se encontró en el punto de mira del Ministerio de Información y Turismo, que empezó a coserla a multas por su tono cada vez más inconformista. Como consecuencia de todo esto, la situación económica de la publicación tampoco era muy boyante y, como decía Huertas, “fèiem pàtria sense peles” (“hacíamos patria sin guita”). En 1968, su déficit ascendía a casi un millón y medio de pesetas y apenas vendían 10.000 ejemplares. En 1971 las pérdidas se redujeron y la tirada, a pesar de los expedientes que el Ministerio no dejaba de instruir, ascendió a 13.000 ejemplares. La impresión tenía un coste mensual de 150.000 pesetas y los escasos sueldos de sus colaboradores ascendían a un total de 30.000 pesetas entre todos, con lo cual resultaba comprensible que se quejaran de cobrar poco.

Sin  embargo, a finales de los sesenta Oriflama era una ventana abierta a la modernidad, y fue en este contexto que empezó a poder publicar una fotonovela paródica escrita por Emili Teixidor y protagonizada por Nuria Espert y Enric Sió (1969). De estos años destacan también las portadas y los cómics cercanos al estilo pop de Enric Sió. Algunos colaboradores renunciaban de buen grado a no cobrar, o cobraban muy poco, a cambio de una libertad creativa que difícilmente se encontraba en otras publicaciones. El mismo Jaume Perich aprovechaba chistes que otros medios le prohibían publicar para hacerlo en Oriflama.

La revista se sostenía gracias a las aportaciones económicas de Jordi Pujol, que se había convertido en su accionista mayoritario, pero Pujol vendió sus acciones en 1972 y el nuevo socio mayoritario pasó a ser Anton Cañellas, afiliado a Unió Democràtica, formación política para la cual fue diputado algunos años después. Hacía poco que la dirección había pasado a manos de Jaume Fabre (aunque la ejercía mancomunadamente con Huertas). Con la llegada de Cañellas pronto se generaron tensiones por las distintas formas de enfocar determinadas ideas y se incrementó el número de miembros del consejo de administración. Las denuncias continuaron, por motivos tan dispares como una encuesta sobre la masturbación juvenil o unos dibujos de Fer (Joan Antoni Fernández) que versaban sobre la falta de agua en algunos pueblos, llegando esta última denuncia al extremo de llevar a juicio a los directores de la revista. Ello, sumado a unos artículos sobre el golpe de estado de Pinochet en Chile, que también fueron motivo de secuestro, fueron la excusa del capital para despedir tanto a Fabre como a Huertas (1974). Los expulsados reclamaron y enviaron una carta a sus subscriptores, pero la empresa encargó la dirección a Agustí Pons, que contrató a nuevos colaboradores como Maria Aurèlia Capmany, Oriol Pi de Cabanyes, Lluís Pascual, Alex Broch, Màrius Carol o Montserrat Minobis. Hasta entonces los colaboradores más destacados habían sido Xavier Vinader, Quim Monzó y Jaume Lorés y, anteriormente, también participaron otros nombres ilustres como Josep Ylla-Català, Miquel Martí i Pol, Emili Teixidor, Núria Espert, Enric Sió, Ricard Mulet, Jordi Planas, Víctor Mora, Josep Martí Gómez, Lluís Bonet Mojica, Lluís Permanyer, Josep Ramoneda, Núria Pompeia y el mismo Rafael Pradas, que también participó en tareas de dirección durante la etapa Huertas-Fabre. Cabe también dejar constancia de que, durante una larga etapa, la revista contó con un cura censor, el padre Antoni Oriol Tararet, un hombre muy quisquilloso, conocido por su segundo apellido, cuya intransigencia dio más de un dolor de cabeza a la revista.

En marzo de 1975, cuando las redacciones de Oriflama, procedentes de Vic, ya habían pasado por varias calles de Barcelona (calle Gran de Gràcia, calle Espronceda, calle Rosselló en 1970 con la entrada de Jordi Pujol como socio capitalista y calle Canalejas, entre otras) y su precio había subido a 20 pesetas, el director Agustí Pons fue sustituido por Antoni Plaja, que acentuó la nota comarcal en detrimento de la política, con la pérdida consiguiente de lectores. Este cambio, sin embargo, no evitó nuevos secuestros de la revista, como el del número de julio/agosto de 1975 por haber publicado un estudio sobre las terceras vías en Europa.

Oriflama dejó de salir en octubre de 1976, pero reapareció el 27 de mayo de 1977, poco antes de las primeras elecciones democráticas, con una nueva periodicidad semanal. Había eliminado su subtítulo, tenía 52 páginas, muchas en color, pero la revista cada vez era menos juvenil, y ya se encaminaba hacia su final. Las ventas bajaron inexorablemente hasta los 7.000 ejemplares (cuando se requería un mínimo de 20.000 para su supervivencia confortable), y había pérdidas todos los meses. A pesar de que se intentó ampliar el capital, no hubo nada que hacer. La falta de pluralismo aguzó la crisis de Oriflama y la publicación cerró con el número 30 de su segunda etapa, el 17 de diciembre de 1977.

Principales colaboradores: Àlex Broch, Anton Cañellas, Antoni Plaja, Agustí Pons, Cesc, Cortés Tossal, Enric Mojica, Emili Teixidor, Enric Sió, Esteban Maroto, Jaume Fabre, Josep M. Huertas, Jaume Lorés, Josep Marti Gómez, Jordi Pujol, Jordi Planas, Josep Ramoneda, Maria Aurèlia Capmany, Màrius Carol, Miquel Martí i Pol, Montserrat Minobis, mossèn Ramon Sala, Mossèn Pere Cases, Núria Pompeia, Oriol Pi de Cabanyes, Perich, Picanyol, Quim Monzó, Rafael Pradas, Ramon Masnou (Bisbe de Vic), Ricard Mulet, Oriol Tararet, Lluís Pascual, Lluís Permanyer, Víctor Mora, Xavier Vinader, Ylla Català

Principales series: La Núria es perd (Emili Teixidor, Núria Espert, Enric Sió), Lavínia 2016 (Emili Teixidor, Enric Sió).