La Codorniz
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La Codorniz

Un ocho de junio de 1941 apareció en los quioscos una nueva publicación, La Codorniz. Después de un largo periodo de gestación y de trámites burocráticos, Miguel Mihura ponía en marcha en calidad de director un semanario de humor, un proyecto que venía acariciando desde que regresó a Madrid desde San Sebastián tras la Guerra Civil. Esta revista, una de las más longevas de las publicaciones de humor españolas, contó con lo más granado de los ilustradores y autores de humor que lograron sobrevivir en la España de Franco. Entre ellos cabe destacar a Tono, que había seguido trabajando junto a Mihura en una sección fija de humor en la revista Tajo y a Enrique Herreros, Galindo, Picó, Edgar Neville, el siempre polémico Wenceslao Fernández Flórez, José López Rubio, Ramón Gómez de la Serna, el jovencísimo Álvaro de Laiglesia y hasta la actriz Conchita Montes, que se encargaba de realizar El Damero Maldito, un crucigrama que logró una gran popularidad y que muchas décadas después recuperó para el diario El País.

La edición la realizaba la editorial Ribadeneyra. El papel era de baja calidad debido a las carencias que había en la España de aquellos años. No obstante, se realizaba una edición verdaderamente vanguardista para la época. Se editaba en dos colores, rojo y negro, y sus portadas, generalmente de Tono, Herreros o del mismo Mihura, eran verdaderamente antológicas.

Mihura cuidó mucho que en la publicación tuviera cabida un tipo de humor a veces surrealista, pero que no tocase temas políticos que causaran problemas con la férrea censura de la época, aunque por otra parte evitó lo complaciente y la propaganda del régimen. En 1942, Mihura fichó a un joven Álvaro de Laiglesia como redactor jefe. Poco tiempo después, en marzo de 1944, Mihura decidió dejarle la dirección de la revista. Álvaro de Laiglesia mantuvo a todos sus colaboradores habituales. Fernando Perdiguero Camps (Menda), republicano condenado a muerte por el régimen fascista, una vez conseguido un indulto, pasó a ser el redactor jefe de la revista en 1944. Trabajó en ella con sus artículos y dibujos hasta 1970. Sobre la labor de Mihura en esta primera etapa de La Codorniz, Chumy Chúmez señala lo siguiente en el prólogo de una antología publicada a finales de los años 80: “Mihura hizo su humor como los egipcios hacían las pirámides (egipcias, naturalmente): genial, pero irrepetible, no por sus dificultades técnicas, sino porque ya los desiertos no son desiertos. Si ahora se siguiera haciendo el humor de Mihura, se fabricarían simplemente unas momias medio deshechas sin el fuego y las mejillas sonrosadas de las creaciones medio inmortales de Mihura”.

Cada número se fraguaba en el bar Flor de la Puerta del Sol de Madrid, donde se reunían los creativos de La Codorniz para luego trasladarse a la vecina redacción y poner en marcha lo que se había acordado entre carajillos en aquel bar. Con la llegada de Álvaro de Laiglesia y la entrada del Conde de Godó como mayor accionista de la sociedad que publicaba la revista, cambiaron muchas cosas. Más de 33 años al timón de esta publicación dieron para muchas transformaciones introducidas paulatinamente. De Laiglesia también incorporó a muchos de los nuevos ilustradores y escritores de humor como Chumy Chúmez, pieza clave durante varias décadas. También a Antonio Mingote, que más tarde abandonó La Codorniz para crear su propia publicación, Don José, de corta vida. Y a Miguel Gila, popular también por sus geniales intervenciones radiofónicas. El genial plantel se completó entre otros con Goñi, Kalíkatres, Jorge Llopis, José Luis Coll, Evaristo Acebedo, los hermanos Ozores, populares también en el cine, Julio Cebrián, Mena, Sefarín y sus inolvidables “marquesas”, Ballesta, Molleda, y en los últimos años Summers, OPS (actualmente El Roto) y Forges.

En 1951, De Laiglesia puso como subtítulo de la publicación “la revista más audaz, para el lector más inteligente”. En esta época se comenzó a hacer una revista más crítica y beligerante, lo que supuso tanto multas como retiradas de la publicación y múltiples amonestaciones. Ante una de estas multas, la redacción decidió ir a pagar lo estipulado en monedas de diez céntimos, con lo que todos los trabajadores fueron cargados de sacos de monedas para entregarlas en el negociado responsable de la sanción. En 1966, con Manuel Fraga de ministro de Información y Turismo, se promulgó una nueva Ley de Prensa. El hecho de suprimir la censura previa permitió algo más de libertad a las publicaciones, aunque éstas tuvieran que aumentar su autocensura para no salirse de los límites establecidos por la dictadura. La Codorniz, durante esta época, se atrevió a poner caricaturas de los políticos del momento tanto en la portada como en el interior. La primera fue una portada que caricaturizaba a Manuel Fraga con la Ley de Prensa debajo del brazo. En otra portada se retrataba al Consejo de Ministros reunido en la mesa de juntas desde la perspectiva del Jefe de Estado, que por supuesto no salía en la caricatura (27/10/1968). Franco nunca fue caricaturizado ni mencionado.

En 1970 murió Fernando Perdiguero, redactor jefe de la época de De Laiglesia, y se inició el declive de la publicación. Poco después apareció Hermano Lobo, donde desembarcaron buena parte de los colaboradores de La Codorniz, sobre todo los más jóvenes y transgresores. Ya en la joven democracia, el Conde de Godó despidió fulminantemente a De Laiglesia y recuperó a Manuel Summers, que se había marchado a Hermano Lobo, revista desaparecida y de la que se recuperaron firmas como Chumy Chúmez, Gila, Manuel Vicent, Amilibia o Francisco Umbral. Summers empezó a dar más cancha al erotismo y a los temas del sexo, pero la sociedad ya había empezado a dar la espalda a este tipo de publicaciones con las recién estrenadas libertades. Además, nuevas revistas editadas en Barcelona como El Papus, El Cuervo, Barrabás (humor deportivo) y posteriormente El Jueves constituyeron una seria competencia.

En enero de 1978 murió La Codorniz como se había conocido hasta entonces, aunque hasta diciembre de aquel año continuó publicándose gracias a la labor del prestigioso periodista Carlos Luis Álvarez Cándido, que intentó relanzarla como una especie de Le Canard Enchaîné francés con nuevos y brillantes colaboradores como Felipe Mellizo, Víctor Márquez Reviriego, José Luis Balbín, Raúl del Pozo o Manuel Vicent y los ilustradores Máximo, Cebrián, El Roto, Mingote, Gin y Martínmorales, a quien se deben buena parte de los dibujos de las portadas. El objetivo era que La Codorniz fuese un semanario más a la izquierda que el planteado por Summers. Aún así, a los nueve meses de su reflotación, La Codorniz se extinguió tras 37 años de existencia.

Principales colaboradores: 3OZores3, Abelenda, Álvaro de Laiglesia, Amilibia, Arturo, Azcona, Ballesta, Cabañas, Chumy Chúmez, Conchita Montes, Dátile, Dodot, Edu, Eduardo, Edgar Neville, Enrique Flórez, Forges, Francisco Umbral, Galindó Gayo, Gila, Goñi, Herreros, Julio Cebrián, Kalíkrates, Luis, M. Jaén, Madrigal, Manuel Vicent, Martínmorales, Máximo, Mena, Mendi, Miguel Mihura, Mingote, Miranda, Mollera, Munoa, Muro, Nacher, OPS (El Roto), Pablo, Picó, Ramón Gómez de la Serna, Serafín, Sir Cámara, Strüwer, Summers, Sun, Tilu, Tono, X. Marín, Wenceslao Fernández Flórez.