Gutiérrez
Bibliografía

Conde Martín, Luis:

El humor gráfico en España, Técnos, Madrid, 2005.

Laguna Platero, Antonio:

El humor en la historia de la comunicación en Europa y América, Estudios 146, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, Castilla-La Mancha, 2015.

Gutiérrez

Gutiérrez, que se autoproclamaba “semanario español de humorismo”, apareció en Madrid el 7 de mayo de 1927, en plena dictadura de Miguel Primo de Rivera. El título reproducía el apellido de la encarnación de la publicación, el funcionario Juan Gutiérrez y Gutiérrez, asignado a la Dirección General de Cuentas Atrasadas y Jefe del Negociado de Tercera Clase de Incobrables, hombre nacido en 1880, con treinta años de servicio en la Administración y un sueldo anual de 6.000 pesetas, que en la portada del primer número aparecía con casquete sobre la calva, gafas, manguito en un antebrazo y una pluma sostenida entre una sien y una oreja, durmiendo beatíficamente sentado a su mesa de trabajo, en la que destacaba un grueso legajo de expedientes con una pajarita de papel encima.

La publicación, editada por Luis Montiel (dueño de la editorial Rivadeneyra y la Papelera Madrileña) y dirigida por el dibujante Ricardo García (K-Hito), bebía del humor del absurdo que practicaban con éxito los semanarios Buen Humor (1921-1931) y Muchas Gracias (1924-1932), de cuyo plantel de colaboradores se nutrió la nueva cabecera. Algunos de sus dibujantes fueron Ricardo García (K-Hito), Antonio Lara (Tono), Roberto, Cesáreo del Villar (KariKato), Miguel Mihura, Francisco López Rubio, Antonio Barbero, Fernando Perdiguero, Joaquim Xaudaró, Roberto Martínez Baldrich, Manuel (Tovar), Almada, Alejandro Sirio, Reinoso, Moreno, Federico Galindo, Alfaraz, Carlos Gómez (Bluff) y Wesoly Pan. En cuanto a los escritores, varios de ellos encuadrados en lo que se dio por llamar “la otra generación del 27” o “los humoristas del 27”, destacaron Miguel Mihura, Antonio Robles (Antoniorrobles), Enrique Jardiel Poncela (Conde Enrico di Borsalino), Edgar Neville, Ricardo García (K-Hito), Antonio Barbero, Antonio G. Dalmau, José Francés, Joaquim Xaudaró, José López Rubio, Don Antonio Robles, Fernando Perdiguero, A. G. Martín de Val, Luis Navarro Ruiz, Juan G. Lomas, Miguel Santos, E. Estévez Ortega y Samuel Ros.

Gutiérrez, en su primer número (24 páginas; interior en blanco y negro, portada y contraportada a cuatro colores; precio, 30 céntimos; medidas, 26 x 19 cm. y, a partir del 24 de septiembre de 1932, 33,5 x 23,5 cm.), se presentó en un editorial por boca del funcionario que lo encarnaba, que hacía saber: “Tengo el honor de enviar, al aparecer en la palestra, un cariñoso saludo al público y a la prensa en general, siendo mi único deseo hallar el modo de agradar a todos, guardando para ello la corrección y el buen gusto que corresponde a mi rango, con la promesa de agudizar el ingenio cuanto me sea dable, cosa no muy difícil en quien, como yo, tiene con harta frecuencia que hacer uso del mismo para procurar la mayor elasticidad mensual de mi corto sueldo”. En este número inaugural también se anunciaban tres concursos dirigidos a los lectores: uno de fotografías idiotas, otro de cartas de amor y un tercero de himnos a la lavandera. En relación a este último concurso, el público comprendió que donde decía himno a la lavandera debía entenderse himno a la bandera, y empezó a enviar versos jocosos que participaban del doble juego y eran publicados. Un buen ejemplo de ellos fue una composición poética aparecida en el número 6 del 11 de junio de 1927 que declamaba: “El himno a la lavandera / triunfará en España entera / y será el canto que en suma, / igual que el de la Bandera, / subirá como la espuma. / Siendo tú tan salerosa, / lavandera de mi vida, / no sé por qué gastas sosa / (y no te digo otra cosa / por haber ropa tendida). / Las lavanderas que ufanas / lavan todas las mañanas / nuestras ropas interiores, / para ensalzarlas precisa / darles un buen jabón, señores, / sin quitarles la camisa. / ¡Ay, qué risa! / ¡No está mal! / Sin quitarles la camisa”.

La broma con el símbolo patrio, sin embargo, no gustó a la dictadura de Primo de Rivera, y en el número 16 del 17 de septiembre de 1927 apareció un recuadro titulado Al lector que decía: “Por orden gubernativa fue suspendida durante un mes la publicación de este semanario imponiéndosele, además, una multa de mil pesetas. (..) Cumplido el castigo, reaparece esta revista lamentando mucho haberse visto obligada a interrumpir la comunicación con sus lectores”. Naturalmente, a partir de entonces no volvió a saberse nada más del concurso del himno a la lavandera.

Gutiérrez, que como jefe de negociado de tercera clase sabía que los funcionarios quedan y los políticos pasan y él deseaba quedar y no pasar, era inicialmente apolítico, pero esta condición varió a partir del advenimiento de la Segunda República, momento en que la revista empezó a mostrar simpatías derechistas y, sobre todo, inquina hacia los diputados que reclamaban o aceptaban un régimen autonómico para Cataluña (la bicha particular del semanario fue Lluís Companys, líder del partido Esquerra Republicana de Catalunya y presidente de la Generalitat de Catalunya a partir del 1 de enero de 1934). Manifestación de esta deriva hacia la significación política fue el periodo entre el 25 de marzo de 1933 y el 7 de abril de 1934, en que la caricatura de un político acompañado únicamente de unos pocos versos humorísticos alusivos a su persona bajo el título Ego sum ocupó casi siempre la portada.

En el número 369 del 25 de agosto de 1934 la publicación dio a conocer, en un escrito humorístico a raíz de las declaraciones de un ministro, que, como “en los tiempos que corremos es una urgencia infinita sacar dinero como sea, de donde sea y por lo que sea”, había decidido trasladarse al madrileño barrio de las Cambroneras, donde “trabajaremos en cualquier solar, y cuando venga el dueño o los guardias salimos corriendo y nos vamos a otro. LUZ: De día, la del sol. De noche, pedimos una cerilla a un transeúnte y hacemos una fogata con el original de espontáneos. Así matamos tres pájaros de un tiro: Nos ahorramos la luz, la calefacción y el tener que leer esos originales. AGUA: Algún charco habrá por allí. (...) Aprovechando que estamos en un solar y en un barrio modesto, podemos armar un pequeño tinglado y vender en los ratos de ocio sandías y melones (...) y demás productos de la tierra. (...) Naturalmente tendremos que dejar de publicar el periódico, y el papel lo usaremos para envolver lo que despachamos”. El anuncio de la mudanza de la redacción a un solar era, evidentemente, una broma. Pero el argumento de unas dificultades económicas que pusieron fin a Gutiérrez quizás se basaba en una auténtica situación financiera comprometida que amenazaba la supervivencia del semanario, pues la publicación no tardó en desaparecer: el último número que consta en la Biblioteca Nacional de España es el 374, correspondiente al 29 de septiembre de 1934. Su humor, no obstante, no tuvo que mudarse a ningún solar, pues una parte importante de sus artífices, dibujantes y escritores, encontraron acogida primero en La Ametralladora (1937-1939) y luego en La Codorniz (1941-1978).

Principales colaboradores: K-Hito, Tono, Roberto, KariKato, Mihura, López Rubio, Barbero, Menda, Xauradó, Baldrich, Tovar, Almada, Sirio, Reinoso, Moreno, Galindo, Alfaraz, Bluff, Wesoly Pan.