El Rrollo Enmascarado
  • Subtítulo: Sólo para minorías selectas
  • Origen: 09/1973
  • Desaparición: 09/1973
  • Numeración: 1
  • Medidas: 22 x 31 cm.
  • Formato: Revista
  • Editor: Miquel Farriol Vidal
  • Idioma: Castellano
  • País: España
  • Enlaces: La web sense nom, Tebeosfera, Tebeosfera, Wikipedia
Bibliografía

Dopico, Pablo:

El cómic underground español, 1970-1980, Ediciones Cátedra, Madrid, 2005.

Fernández, Juan José:

Star, la contracultura de los 70, Colección Viñetas, Ediciones Glénat, Barcelona, 2007.

Guiral, Antoni (coord.):

Del tebeo al manga: Una historia de los cómics, Tomo 6: Del comix underground al alternativo, Panini, Torroella de Montgrí, Girona, 2009.

Lladó Pol, Francesca:

Los cómics de la Transición, Glénat, Barcelona, 2001.

VV.AA.:

Antología española del comix underground, La Cúpula, Barcelona, 1981.

El Rrollo Enmascarado

El Rrollo Enmascarado era un tebeo de 32 páginas, con las portadas en color y el interior en blanco y negro. Sólo un tebeo, pero muy importante en la historia de la historieta para adultos en España.

En 1973 si un autor español quería publicar cómics para adultos en nuestro país lo tenía complicado. La revista Trinca, una publicación juvenil con contenidos que también podrían interesar a mayores de edad, había desaparecido en julio de ese año. Existían revistas como Mata Ratos o El Papus, pero eran básicamente semanarios o bien humorísticos con algo de picante (el primero) o bien satíricos y dedicados a la actualidad más bien política del momento (el segundo). Para un autor o autora joven, principiante y, por tanto, de estilo algo precario, no había mucho donde rascar.

Por entonces, en España se vivía todavía bajo la dictadura franquista, que apuntaba fisuras pero permanecía erguida. Eso sí, en la calle se notaban aires de libertad y ganas de hacer cosas nuevas. Por tanto, un grupo de jóvenes aspirantes a publicar sus propios cómics, llevados de la mano del teórico de la historieta Antonio Martín, decidieron editar su propia revista. No eran historietas de aventuras, ni tampoco estrictamente de humor. Eran cómics que desarrollaban lo que ellos querían contar: narrar el mundo en el que vivían aportando su punto de vista. Eran historietas de costumbrismo satírico las más, otras eran odas a la naturaleza o algún apunte crítico político, y también había alguna visión sardónica de la caza del sexo de los sábados por la noche, con algunas viñetas que denotaban más o menos claramente relaciones sexuales.

Estos jóvenes creadores (Miquel Farriol, Guillermo, Isa, Mariscal, Max, Nazario, Pamies, Pepichek y Juan Villafuerte) juntaron entre todos 25.000 pesetas para imprimir su tebeo, que se tituló El Rrollo Enmascarado y que era un tebeo para adultos (como indicaba su portada) a un precio de venta al público de 100 pesetas. Como eran conscientes de que el nivel de su trabajo no era demasiado alto, y que sus historietas eran muy particulares para la época (“para progres”, como indicaron en la portada del tebeo), prefirieron ser precavidos e imprimir 1.000 ejemplares, que distribuyeron entre personas conocidas y librerías amigas. En aquella época, para publicar cualquier edición había que solicitar un permiso al Ministerio de Información y Turismo. Valoraron la posibilidad de salir con una edición pirata, pero al final prefirieron pedir el permiso y ser legales. Y ese fue el problema. Al día siguiente de enviar algunos ejemplares al Ministerio apareció la policía en la imprenta y en casa de quien figuraba como editor (Miquel Farriol) para secuestrar las planchas y los ejemplares de la revista. El Fiscal de Orden Público consideró que el contenido de El Rollo Enmascarado incurría en un delito de escándalo público, y al editor, Miquel Farriol Vidal, le pidieron seis meses de arresto mayor, una multa de 15.000 pesetas y nueve años de inhabilitación especial. Curiosamente, la sentencia del 31 de mayo de 1973 absolvía a Farriol y daba vía libre a la distribución del tebeo aduciendo, entre otras cosas:

“2º CONSIDERANDO: que aplicados al caso de antes la doctrina mencionada y ponderadas las circunstancias actuales de la vida pública española –en especial exhibición pública de películas de marcado sabor naturalista y publicación de libros, a veces debidos a plumas de conocidos escritores y académicos, en los que reproducen sin escándalo ostensible para la comunidad social y para sus guardadores, toda clase de palabras de marcado matiz [ilegible] y aún grosero–, no parece que las frases recogidas en el Resultando de hechos probados, puestas en boca de supuestos juerguistas satirizados por el autor, revistan –pese a su indudable mal gusto– un ataque a esos sentimientos colectivos de pudor y decencia que no se ven menoscabados por la exhibición cinematográfica o la venta de libros cuyo contenido (aún de carácter literario muy superior) expone de manera descarnada –y utilizando las más de las veces un lenguaje procaz– escenas de marcado carácter erótico a la curiosidad pública; todo ello de acuerdo con la doctrina sentada en las sentencias del Tribunal Supremo de 3 de julio de 1971 y 27 de noviembre de 1970 (Sala 2ª), y en relación con la naturaleza esencialmente mutable y circunstancial de los conceptos de moral y decencia pública, en cuanto exigen su acomodación a las circunstancias ecológicas de la comunidad”.

Antonio Martín, que explicó como testigo de primera mano este hecho, aseguraba, entre otras cosas: “Puede resumirse en que tanto la banda de El Rollo Enmascarado como otros grupos de similar sintonía surgidos en los últimos tiempos están formados por adolescentes crecidos que pretenden vivir libres y cuyos planteamientos respecto a la sociedad de producción / consumo son muy diferentes a los que el sistema declara óptimos. Es cierto que se trata de una juventud minoritaria que forma una especie de pandilla exótica por estas tierras, por lo que tiene de reflejo de otras formas de ser y hacer, americanas concretamente. Una juventud que intenta ser sincera consigo misma, que quiere expresarse pero que no se compromete en la lucha por la libertad y contra el sistema, pues aún se encuentra en un periodo de búsqueda del yo, sin capacidad para compromisos con valores objetivos. Hoy dibujan y editan un tebeo contracultural y lo venden por la calle, en las Ramblas, en el Rastro, de mano en mano; ayer fueron los que en Ibiza fabricaban y vendían collares, brazaletes, cinturones repujados y todo tipo de artesanía inútil; mañana...”.

Es más, el secuestro propició una nueva edición de El Rrollo Enmascarado de 2.000 ejemplares, cuyo dinero sirvió para sufragar los iniciales costos del juicio.

Tras esta experiencia, los mismo autores continuaron autopublicando sus propios cómics, que eran siempre historietas completas con títulos como Catalina (1974), Paupérrimus Comix (1974), Diploma d’Honor (1974) y De Qvommic (El Rrollo Aristocrático) (1974). Algo después, con el sello editorial Mandragora, publicaron Purita (1975) y Nasti de Plasti (1976), siempre como números únicos y esta vez con la ayuda de otros jóvenes autores como Juan Ángel, Ceesepe, Montesol y Onliyú. Antes de que el mercado asumiera a la mayoría de estos creadores, entre 1976 y 1977, y con la empresa Iniciativas Editoriales, publicaron con el sello de Los tebeos del Rollo otras cuatro revistas unitarias más, a las que se unirían firmas como las de Martí, Rubiales, Vallés, Guillem Cifré, Pedrín Sánchez o El Hortelano.

Entretanto, llegaron revistas que asumieron la historieta alternativa para adultos como Star, El Víbora o Bésame Mucho, y otras como Totem, Boomerang y Blue Jeans que trajeron a España los cómics para gente mayor que Europa había visto publicar desde los años sesenta, además de 1984, Creepy, Cimoc o Cairo, que publicaron también cómics para mayores de edad con autores españoles de géneros como la fantasía, la ciencia ficción, el terror o la aventura.

Pero, con humor y también con ironía, fue El Rrollo Enmascarado la primera revista que rompió una lanza por la historieta para adultos en España.