Dominguín
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Dominguín

Se ha dicho de Dominguín que es «el primer tebeo español», por tratarse de una de las primeras publicaciones —si no la primera— editadas en España que dedicaron la práctica totalidad de sus páginas a las historietas gráficas. Aunque ese puesto de honor resulta algo discutible —en Monos, aparecida en Madrid en 1904, las historietas solían ocupar doce o trece de las dieciséis páginas de cada número; Dominguín solo tenía cuatro páginas, pero con historietas en todas ellas—, no cabe duda de su importancia en la historia de este tipo de revistas, pues, en muchos aspectos, fue una adelantada a su tiempo.

Dominguín se presentaba en formato tabloide (45 x 32 cm), como los suplementos de cómics de los periódicos estadounidenses en las primeras décadas del siglo XX. Constaba de una única hoja que se servía plegada, de modo que formaba un pliego de cuatro páginas en color que pasaron a imprimirse solo en negro a partir del número 15, cuando el precio de cada ejemplar se redujo a la mitad y pasó de diez a cinco céntimos de peseta.

El editor, José Espoy de Samà, contó para su publicación, de aspecto muy cuidado y atractivo, con algunos de los mejores dibujantes de la época. El más asiduo fue el también pintor Joan Llaverias, que habitualmente utilizó su apellido como firma o, en otras ocasiones, dejó sus dibujos sin firmar. Otros grandes nombres como Opisso, Junceda o Lola Anglada ofrecieron también a los lectores de Dominguín magníficas e imaginativas historietas. Donaz, Apa, Pal, Urda o L. Brunet contribuyeron asimismo a llenar sus páginas. A menudo, las historietas de muchos de ellos revelan la influencia de clásicos estadounidenses como Winsor McCay, Rudolph Dirks, Frederick Opper, Bud Fisher o Lyonel Feininger.

Pero nada menos que 32 de las 85 historietas publicadas en los veinte números de Dominguín llevan como firma un pentagrama con la clave de sol y una nota musical (re) seguida de una ese. La identidad de ese autor —y la lectura correcta de su firma— fueron objeto de muchas conjeturas entre los especialistas durante décadas, pero investigaciones recientes apuntan a que podría tratarse de Ramón Espoy de Samà (1890-1975), hermano del editor, de manera que la nota musical y la ese final harían referencia a sus iniciales: RES. Otra firma que suscita dudas es la de Lisette, de la que se ha dicho que podría ser un seudónimo de Llaverias, pero que también podría corresponder a Regina Opisso Sala (1879-1965), hermana de Ricard Opisso, que la empleó ocasionalmente años después.

Pese a la reducción de su precio a la mitad en su etapa final, Dominguín no consiguió superar su número 20. Su desaparición se ha achacado a su difícil manejabilidad para los niños debido a su gran tamaño, a su precio (el doble de lo que costaba entonces En Patufet, o de lo que costaría TBO cuando salió) y a su escaso número de páginas. Quizás, simplemente, a pesar de sus magníficos contenidos, se adelantó a su tiempo.

 

Principales colaboradores: Lola Anglada, Apa (Feliu Elias Bracons), L. Brunet (Llorenç Brunet Forroll), Donaz, Junceda, Lisette, Llaverias, Opisso, Pal (Emili Pascual Monturiol), RES (Ramón Espoy de Samá), Urda.

 

Principales series: Aventuras extraordinarias del Capitán Botalón (Junceda), Don Nicanor (RES), Don Zenón (Opisso), Felipín (RES y Pal), Las hazañas del Piltrafa (Apa), Los de Hogaza (RES).