ESCOBAR / 70 años de Zipi y Zape

Que una serie de historieta cumpla 70 años con sus personajes en la mente de muchísimos lectores… no es casualidad.

Zipi y Zape, de Josep Escobar, llegan a esta celebración en 2018, desde que aparecieron por vez primera en el n.º 57 de Pulgarcito (publicado, según la web Tebeosfera, el 30 de julio de 1948) con el título de Zipi y Zape, hermanos.

La longevidad de Escobar permitió conceder esa misma perennidad a Zipi y Zape, que fueron realizados por este grande de nuestra historieta entre 1948 y 1994, año en que falleció su creador. La serie, por supuesto, pasó por varias etapas. Recordemos que, de entrada, apareció en plena posguerra, una etapa crítica para nuestro país en el ámbito económico, político, social y humano. Y aunque Pulgarcito fuera, en teoría, una revista «para niños», lo cierto es que aquellos niños no eran como los de hoy y que, por extensión, era evidente que aquellas historietas también iban dirigidas a un lector adulto. Quizá por ello la etapa más «combativa» de Zipi y Zape es la primera, situada entre 1948 y 1955. Curiosamente, por entonces Zipi y Zape no eran irrespetuosos ni gamberros (de hecho, nunca lo han sido, sí pícaros que hacen trastadas, pero sin perder el respeto por nadie), [MGR1] antes al contrario. Eran dos almas cándidas, dos niños de buen corazón que aceptaban la autoridad paterna, pero a los que su espíritu libre e inquieto jugaba malas pasadas. Querían utilizar su astucia e inteligencia para ayudar a sus progenitores y a sus iguales, sin transgredir el orden establecido, solo que su entusiasmo era tan irrefrenable que generaban un verdadero vendaval a su paso, ocasionando considerables alborotos que solían finalizar con pequeños o grandes desastres cotidianos.

Escobar provocó la tensión en la serie al habitar ese espíritu independiente y desenvuelto en un hogar de rígida estructura moral[MGR2] , una casa gobernada por Don Pantuflo Zapatilla (inicialmente llamado Raguncio Feldespato) y por Doña Jaimita Llobregat, unos padres estrictos que, al fin y al cabo, seguían unas pautas establecidas por unos códigos educacionales ya algo desfasados en 1948. Don Pantuflo Zapatilla, un hombre severo que aplicaba una pedagogía vetusta transmisora de valores decimonónicos, era catedrático en Filatelia y Colombofilia (léase: cría y adiestramiento de palomas) y sobre todo al principio aplicaba a sus vástagos unos castigos desmedidos (quemarlos, tirotearlos, aplastarlos con una apisonadora…) y, hoy en día, considerados políticamente incorrectos. Por su parte, Doña Jaimita Llobregat es una clásica ama de casa, ocupada en las tareas del hogar y en intentar mediar por sus hijos, aunque sin abandonar la, por entonces, debida sumisión a los designios de su ilustre marido. No olvidemos tampoco el contexto de la serie: o sea, se trata de una saga humorística de clara inspiración burlesca.

Todo cambió hacia 1955, cuando las pautas legales establecidas por el gobierno autárquico para las publicaciones infantiles y juveniles empezaron a publicarse en el Boletín Oficial del Estado, señalando aquello que no era conveniente que apareciera en un tebeo. Se templó, pues, el desacato a la autoridad paterna, y los castigos empezaron a «dulcificarse», hasta terminar con Zipi y Zape en el cuarto de los ratones (que, con el tiempo, también desapareció). La actitud de Don Pantuflo Zapatilla hacia sus vástagos fue, pues, suavizada, convirtiéndose en un padrazo que intentaba inculcar a sus hijos ideas altruistas; los propios hermanos Zapatilla perdieron algo de intensidad en sus acciones, evitando las situaciones más críticas hacia los estamentos autoritarios, concentrándose en trifulcas más livianas, menos comprometidas con ese reflejo grotesco de la realidad social que fueron los tebeos de Bruguera entre 1947 y 1955.

Zipi y Zape fue publicándose en historietas de una o dos páginas hasta finales de los años sesenta en revistas como Pulgarcito, la segunda etapa de Tío Vivo o Suplemento de Historietas de El DDT hasta que Bruguera, tras descubrir gracias a una encuesta entre sus lectores que se trataba de la segunda serie más popular de los tebeos de la editorial, animó a Escobar a realizar aventuras de larga extensión.

En 1970, y en la cabecera Mortadelo, Zipi y Zape empezaron a vivir diversas historias de 44 páginas (un total de dieciséis, a las que cabe añadir la aparecida en Súper Zipi y Zape, Futbolerías), que permitieron a su creador desarrollar más cómodamente la personalidad de sus criaturas, hilando sus gags mediante un argumento de fondo que daba pie a situaciones en las que los hermanos Zapatilla se movían cómodamente a su antojo. El éxito de estas historias, recopiladas en formato de libros desde 1971, confirmó la gran repercusión de Zipi y Zape entre los lectores de Bruguera, dando paso a una nueva revista que llevaría el nombre de la serie en 1972. En la cabecera Zipi y Zape Escobar escribió y dibujó historietas cortas de cuatro páginas de sus criaturas, ampliando el elenco de personajes secundarios de la serie: a Miguelita, la hermana de Doña Jaimita y madre de Sapientín, el primo superdotado de Zipi y Zape; los abuelos Zapatilla, padres de Don Pantuflo; el doctor Pildorín, médico de la familia; Don Ángel, el policía de la vecindad Don Minervo, el esforzado maestro de Zipi y Zape, y algunos de sus compañeros de escuela, como Peloto Chivátez o Lechuzo, se unirían otros como los también gemelos Triqui y Traque o el gamberro Pachón. A Zipi y Zape, Editorial Bruguera uniría otras revistas con el sello de estos personajes, como Súper Zipi y Zape (1973) o Zipi y Zape Especial (1978).

Las historietas de Zipi y Zape en sus revistas aparecían como más «infantiles»; la censura había establecido definitivamente aquello que no se podía publicar en las revistas infantiles y juveniles desde 1967, y la serie se concentró más en detalles relacionados con la escuela o con problemas caseros de menor magnitud. Zipi y Zape continuó siendo publicada en las revistas de Bruguera hasta su cierre en 1986, para reaparecer en 1987, ya en Ediciones B, en cabeceras como Zipi y Zape (1987), Súper Zipi y Zape (1987) o Zipi y Zape Extra (1991). Además de su presencia en Bruguera, conviene destacar una curiosa aventura larga, Las aventuras políticas de Zipi y Zape, escrita por Manuel Vázquez Montalbán y dibujada por Escobar, que mostró una nueva lectura de la serie durante su publicación en la revista Tiempo de Hoy en 1988. Escobar, ya con más de 80 años, siguió escribiendo y dibujando la serie, como hemos dicho, hasta su fallecimiento en 1994; de nuevo, la saga mantuvo en esta última etapa ese tono más infantil, más inocente, pero, eso sí, con su creador evidenciando su gran profesionalidad como historietista.

Zipi y Zape se convirtieron también en reclamo para la venta de productos relacionados con la infancia, como juegos de construcción (Arkimos) o productos alimenticios, como las tiras de sus aventuras aparecidas en marcas de pastelitos (Cropan) o historietas realizadas para una empresa de elaboración de flanes (Potax). En 1981 los hermanos Zapatilla fueron trasladados a la pantalla grande en la película Las aventuras de Zipi y Zape, dirigida por Enrique Guevara, con los hermanos Francisco Javier y Luis María Valtuille como los gemelos protagonistas. Tras el fallecimiento de Escobar, aparecieron videojuegos, CD interactivos, una serie de televisión producida por BRB International (2003-2005) y nuevas aventuras de Zipi y Zape realizadas por Juan Carlos Ramis y Joaquín Cera (ocho álbumes entre 2000 y 2001). Aparte de sus más o menos continuadas reediciones, Zipi y Zape volvieron al cine en dos nuevas películas: Zipi y Zape y el Club de la Canica (Oskar Blanco, 2013, con Raúl Rivas como Zipi y Daniel Cerezo como Zape) y Zipi y Zape y la isla del capitán (Oskar Blanco, 2016, con Teo Planeli en el papel de Zipi y Toni Gómez en el de Zape).

Zipi y Zape siguen vivos, porque lo están en la mente y el corazón de muchos de sus lectores.

Deseamos que la nueva etapa liderada por EscobarLicense, agencia ideada por su nieto para la gestión de los derechos de autor y las marcas industriales propiedad de la familia Escobar, le dé a Los Zipi y Zape una nueva oportunidad en un sector tan competitivo como el de las licencias infantiles.

(www.escobarlicense.com / @escobarlicense / www.zipiyzape.com /  zipiyzape_theoriginal)

 

Esta muestra es un homenaje a esta gran serie de Escobar, y también a ese genio de la historieta que es su creador.

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Escobar


Serie:

Zipi y Zape


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Pulgarcito (1946-1981)

, 57, 1948

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Escobar


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Zipi y Zape


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Pulgarcito (1946-1981)

, 70, 1948

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Escobar


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Zipi y Zape


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Pulgarcito (1946-1981)

, 72, 1948

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Escobar


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Zipi y Zape


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Pulgarcito (1946-1981)

, 120, 1948

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Escobar


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Zipi y Zape


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Pulgarcito (1946-1981)

, 124, 1949

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Escobar


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Zipi y Zape


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Pulgarcito (1946-1981)

, 138, 1950

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Escobar


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Zipi y Zape


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Pulgarcito (1946-1981)

, 146, 1950

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Escobar


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Zipi y Zape


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Pulgarcito (1946-1981)

, 186, 1950

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Zipi y Zape


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Tío Vivo (2ª época)

, Almanaque para 1964, 1963

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Zipi y Zape


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Tío Vivo (2ª época)

, 181, 1964

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Mortadelo

, 5, 1970

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Mortadelo

, Extra de Carnaval, 1971

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Mortadelo

, 16, 1971

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Tío Vivo (2ª época)

, 550, 1971

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Zipi y Zape


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Zipi y Zape

, 3, 1972

Portada


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Zipi y Zape


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Zipi y Zape

, 1972

Portada


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Escobar


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Zipi y Zape


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Tío Vivo (2ª época)

, 645, 1973

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Zipi y Zape


Publicación:

Mortadelo Gigante

, 9, 1976

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Zipi y Zape


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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Súper Zipi y Zape

, 1991

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Zipi y Zape


Publicación:

Tío Vivo (2ª época)

, 1972

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Zipi y Zape

Carátula


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Zipi y Zape

Recorte


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Escobar


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Zipi y Zape


Publicación:

El Periódico de Catalunya

, 1982

Tiras


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Escobar


Serie:

Zipi y Zape

JOSEP ESCOBAR, UN CREADOR MULTIDISCIPLINARIO

No sería justo dedicarle una exposición a Zipi y Zape sin hablar de su creador, Josep Escobar. Por tanto, haremos aquí una breve semblanza profesional de este gran autor, y posteriormente dividiremos su obra en aquellas actividades que desarrolló, más allá de su trabajo como historietista y de su serie Zipi y Zape.

Y es que Josep Escobar i Saliente (Barcelona, 22 de octubre de 1908 - 31 de marzo de 1994) fue un artista multifacético, que dejó una impronta muy personal en diversos terrenos de la cultura popular. Cuando todavía residía en Granollers, ciudad barcelonesa a la que había emigrado con su familia en 1915, Escobar empezó a publicar como profesional, con solo 14 años, en revistas como Virolet, En Patufet y Sigronet sus primeros chistes e historietas. En la revista vallesana La Gralla destacó en los años veinte como escritor, ilustrador y caricaturista, al tiempo que realizaba diversos trabajos publicitarios. Desde 1934, de vuelta a su Barcelona natal, se convirtió en colaborador habitual de tebeos como Pocholo o, posteriormente, TBO. Su capacidad para el dibujo le permitió también trabajar como ilustrador en cabeceras como Lecturas o Papitu, mientras que en su faceta de humorista destacaba en publicaciones de humor crítico y satírico como Gutiérrez o L’Esquella de la Torratxa, trabajos que compaginaba con su oficio de cartero en una estafeta de correos. Durante la Guerra Civil, Escobar se convirtió en firma habitual del semanario L’Esquella de la Torratxa, claramente afín a la República y crítico con los golpistas. Al finalizar la contienda, fue juzgado por un tribunal militar y encarcelado durante cerca de dos años. Al ser represaliado como funcionario de correos, tras salir de prisión, Escobar retomó otra de sus inquietudes artísticas, el dibujo animado, trabajando primero en Hispano Gràfic Films y posteriormente en Dibujos Animados Chamartín como director de cortos de animación de diversas series (Civilón, Pituco o Zapirón); su última aportación a la animación la llevó a cabo en 1950 como guionista y director de animación del largometraje Érase una vez.

En 1944 volvió a dibujar historietas para publicaciones como Leyendas Infantiles, Aventurero, TBO o Cucú, para a partir de 1946 convertirse en una de las firmas habituales de Editorial Bruguera y de su renacido Pulgarcito. Allí creó decenas de personajes y destacó por series como Carpanta (1947) o Zipi y Zape (1948), a las que se unieron otras como Doña Tula, suegra (El DDT, 1951) o Petra, criada para todo (Pulgarcito, 1954). En 1953 colaboraró en una revista humorística para adultos, ¡Tururut! (34 números), editada y dirigida por el humorista gráfico Cesc. Junto a otros creadores de Bruguera como Cifré, Conti, Eugenio Giner y Peñarroya, Escobar puso en marcha una nueva editorial, concentrada básicamente en la publicación del semanario Tío Vivo, para el que concibió series como Blasa, portera de su casa.

Un año después, Tío Vivo fue adquirido por Bruguera, editorial para la que Escobar continuó colaborando hasta su cierre en 1986, generando obras tan destacadas como Don Óptimo (1964), Toby (1967) o Plim el Magno (1969). La popularidad de Zipi y Zape lo llevó a concentrarse de forma casi exclusiva en esta serie a partir de la década de los años setenta, tarea en la que continuó desde 1987 para Ediciones B (tras su adquisición del fondo editorial de Bruguera) hasta su fallecimiento en 1994. En 1968, Escobar hizo gala de su catalanismo al colaborar activamente en la nueva versión de la revista Patufet (Baguñá Hermanos, 1968-1973).

Escobar fue también, desde 1957, autor de varias obras teatrales escritas en catalán y representadas en el circuito del teatro de aficionados, amén de guionista de televisión (escribió los guiones de la serie Carpanta para TVE en 1960), autor de varios cursos de dibujo por correspondencia (1953) e inventor (un juego de billar y otro de bolos, una petaca y dos proyectores caseros de cine).

EL CARICATURISTA

En realidad, el Escobar caricaturista nació muy pronto. De niño se dedicó a dibujar en las paredes de la calle Sant Roc de Granollers (una de las más céntricas de esta población) escenas futbolísticas con los ases del momento (Zamora, Samitier o Alcántara); su objetivo era que algún editor barcelonés que pasara por allí le contratase, pero tuvo un descuido… nunca firmó sus trabajos. Ya desde 1924, cuando inició su colaboración en la revista de Granollers La Gralla (Publicacions La Gralla, 1921-1937), uno de sus trabajos fue realizar caricaturas de personajes famosos de la ciudad. Incluso llegó a escribir en esta cabecera un texto sobre la caricatura: «Espejo convexo donde se reflejan nuestros cuerpos y nuestras pasiones. De este reflejarse surge lo grotesco. La caricatura es grotesca y domina sobre un reino infinito, cuyos vasallos son todas las cosas existentes e inexistentes. El ridículo es una de sus mayores fuerzas».

Aunque concentró su trabajo como caricaturista en la década de los años veinte del siglo pasado, Escobar jamás la abandonó, ya que, aparte de publicar muchas autocaricaturas, ideó el curso de dibujo por correspondencia La caricatura personal (1953). Por otro lado, Escobar incluyó caricaturas de su mujer y de sus nietos en algunas historietas de Zipi y Zape.