Shum
Shum
Bibliografía

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Shum

Alfons Vila nació en el año 1897 en un pueblecito cerca de Lérida, Sant Martí de Maldà, que por aquel entonces tenía alrededor de 1.200 habitantes. Era el más pequeño de una familia en la que el padre era propietario de un taller de reparación de carros y de fabricación de carrocerías para landós (vehículos de cuatro ruedas tirados por caballos con capacidad para cuatro pasajeros). Sin embargo, la obsesión de Alfons fue el dibujo, y el oficio familiar no le gustaba. Así, a los doce años, cuando murió su madre, se fue de casa y llegó a Terrassa a pie. Allí conseguía ganar algunos céntimos dibujando en los cafés, pero más que nada pasaba mucha hambre. Creyó que en Barcelona le iría mejor, pero cuando llegó se dio cuenta de que allí además de hambre también pasaba frío. Comía lo que le daban en los cuarteles y en los barcos anclados en el puerto, pero su principal preocupación era reunir diariamente los 25 céntimos que costaba dormir en un catre con derecho a sábana y manta. Finalmente, seducido por la fama de París, se decidió a ir y, como no tenía dinero, anduvo hasta la frontera y, medio en tren medio a pie, llegó a la capital francesa. Eran los últimos años de la Gran Guerra (1914-1918) y en París Alfons conocería a alguien que le cambiaría la vida: se topó con un joven de su edad llamado Lluís Humbert, de ideas anarquistas y que firmaba sus escritos con el anagrama Shum Bleriut. Humbert fue su “pigmalión”. Los dos congeniaron enormemente, y su influencia fue tal que Alfons acabó adoptando el pseudónimo Shum para firmar sus dibujos. En París se ganaba la vida dibujando para orfebrería y figurines de modas, pero cuando su compañero fue arrestado por desertor del Ejército Español decidió regresar a Barcelona. Regresó, eso sí, infundido de las ideas anarquistas que, por su carácter rebelde y apasionado, quería poner en práctica.

En aquella Barcelona de principios de los años 20, que se encontraba en plena lucha social entre los pistoleros de la patronal, tolerados por las autoridades, y el sindicalismo anarcoterrorista de los obreros, Alfons se alistó en las filas de estos últimos y no tuvo ningún inconveniente para participar en acciones violentas. Como llevaba el pelo muy largo y tenía alguna veleidad literaria, entre sus correligionarios se le empezó a conocer por el apodo de El Poeta.

En marzo de 1921 participó en un atentado contra el concejal carlista del Ayuntamiento de Barcelona, el industrial Salvador Anglada, que resultó herido, y en abril del mismo año, el día de la Fiesta de las Banderas, que se celebraba con un gran desfile por el Passeig de Gràcia, quisieron atentar contra el Gobernador Militar Martínez Anido con una bomba. Robaron un taxi, hiriendo al taxista, y colocaron la bomba, que no explotó a causa de un defecto de fabricación y solo provocó una gran humareda. Alfons y sus compañeros pudieron escapar, pero el día 2 de mayo, cuando se encontraban en un piso de la calle Toledo de Barcelona que camuflaba con una fachada de taller de modistas uno de fabricación de explosivos, una deflagración de los materiales que manipulaban causó el derrumbe de la mitad del edificio, dejando cinco muertos y varios heridos graves. El mismo Shum fue llevado al dispensario con graves lesiones en las manos y heridas tan graves que al principio lo dieron por muerto. Su juventud obró el milagro y, después de una cirugía reparadora, consiguió salvarse, tras lo cual fue recluido en la cárcel Modelo. Después de la explosión lo registraron y le encontraron en el bolsillo documentación falsa a nombre de Joan Baptista Acher. Ello hizo que se lo conociera por ese nombre durante muchos años y que hasta 1979 no se supiera su nombre auténtico. De hecho, algunos creyeron incluso entonces que el nombre real de Vila no era más que un seudónimo del ficticio Acher.

Cuando lo llevaron a juicio, puesto que muchos de los encausados habían muerto y otros habían huido, todas las culpas recayeron en él, y el tribunal lo condenó a muerte por el delito de terrorismo. Desde la cárcel Modelo lo trasladaron a Alcalá de Henares, y de allí al penal de El Dueso, en Cantabria, donde compartió celda con José Donday, que cumplía una condena de veinte años por haber cooperado en el famoso atraco al expreso de Andalucía que se saldó con dos asesinatos e hizo correr ríos de tinta. Como Donday dominaba el inglés y hacía traducciones, Shum le ilustró el relato de Oscar Wilde El fantasma de Canterville y realizó dibujos que enviaba a revistas barcelonesas como L’Esquella de la Torratxa y El Sr. Daixonses/La Sra. Dallonses. De sus manos también salieron caricaturas, pinturas e incluso esculturas, una de las cuales ganó un concurso celebrado en Bilbao.

Mientras, la escritora Concha Espina, al corriente de la juventud del condenado y de sus aptitudes artísticas, decidió encabezar una campaña para pedir su indulto. El gran público, que siguió la campaña a través de la prensa, sobre todo por el periódico Solidaridad Obrera, dirigido por el sindicalista catalán Hermós Plaja, al que se fueron adheriendo otros periódicos y revistas, además de muchas personalidades de España y el extranjero, como los Premios Nobel Jacinto Benavente y Santiago Ramón y Cajal, empezó a conocer al dibujante con el mote de El Poeta de las Manos Rotas. La campaña tuvo éxito, y la condena a muerte le fue conmutada por la de 50 años de reclusión, pero cuando el 14 de abril de 1931 se proclamó la República, Victoria Kemp fue nombrada directora de prisiones y decretó una amnistía general que permitió que muchos presos, entre ellos Shum, pudieran ser puestos en libertad. Shum había pasado más de diez años en la cárcel.

Cuando llegó a Barcelona dibujó en los periódicos de Esquerra Republicana L’Opinió y La humanitat, realizó exposiciones en la Sala Parés y en Syra (1931) y fue nombrado vocal de la junta de museos. Participó en la fundación del grupo de dibujantes y pintores “Els Sis” (“Los Seis”), que muy pronto se integró en el Sindicato de Dibujantes Profesionales, fundado por el andaluz Helios Gómez y que durante la Guerra Civil, dentro del Comisariado de Propaganda de la Generalitat, publicaría decenas de carteles, algunos de gran calidad.

Cuando empezó la Guerra Civil Shum se alistó y lo destinaron al frente de Tardienta, cosa que no le impidió realizar frecuentes viajes, algunos en coche oficial, a su pueblo o a Barcelona, porque en esa época ya había iniciado una relación sentimental con Montserrat Ventós que duraría durante el resto de su vida. Montserrat ya tenía dos hijos, con quienes Shum mantuvo una estrecha relación paterno-filial hasta el punto que participó en el I Salón de Humoristas con una ilustración titulada La intimidad de un humorista en la que bromeava sobre su nueva condición de padre de familia con hijos pequeños. De mayores, ambos niños se convirtieron en artistas: Antoni Prats Ventós, un reputado escultor y pintor, y Ramon, también pintor y dibujante con una larga trayectoria. Incluso alguno de sus nietos adoptó el nombre artístico de Shum.

Al final de la guerra se marchó a Francia con Montserrat y los niños, y recorrieron Chartres, Tolosa, París y Perpiñán antes de conseguir embarcar en el trasnatlántico francés Cuba con destino a la República Dominicana, dominada entonces por el dictador Trujillo, que mantenía una estrecha amistad con el General Franco. Esta circunstancia hizo que Shum, que vivía en La Vega, no se sintiera a gusto y temiera por su seguridad. Aunque realizó exposiciones y conseguía ganarse la vida, decidió pasar a la Cuba del dictador Batista, que se diferenciaba en que se dedicaba más a los negocios con los americanos que a la persecución de inmigrantes.

En Cuba se encontró con viejos amigos como Altolaguirre (que le editó el álbum 15 dibujos de Shum), Alloza, Bagaria o Bartra, entre otros, y pudo volver a vivir con más libertad. Dibujaba en El Día Gráfico y en Minerva, y exponía sus cuadros. Batista lo apreciaba y quería subvencionarlo, pero a Vila todas las dictaduras le incomodaban y finalmente decidió viajar a Norteamérica. Contactó con estudios cinematográficos de California, que le encargaban carteles, sobre todo la productora Metro Goldwyn Mayer. En Nueva York también dibujó felicitaciones navideñas, carteles comerciales y realizó exposiciones de pintura que fueron muy bien recibidas por la crítica periodística.

Debido a su pasado, Shum descartó por completo la idea de regresar a Cataluña y buscó un lugar tranquilo en el que pasar sus últimos años. Lo encontró, finalmente, en Cuernavaca, en México, capital del estado de Morelos y muy cerca de México capital. Allí podía pintar sus cuadros con total libertad a pesar de los dolores que la arterioesclerosis producía en sus manos mutiladas y a causa de los cuales a veces no podía sostener los pinceles. Pero él era un hombre de fuerte voluntad y, si era necesario, agarraba el pincel con ambas manos pero no dejó de pintar aunque, si veía que un cuadro no le quedaba como él deseaba, lo hacía pedazos y volvía a empezar.

El 28 de agosto de 1967, mientras dormía la siesta en una tumbona, quedó dormido para siempre. Al día siguiente lo enterraron en Cuernavaca con el féretro envuelto en una bandera catalana. En 1979 Montserrat Ventós, su compañera, regresó a Barcelona y reivindicó la memoria de Vila con el montaje de una exposición de su obra. También aprovechó la ocasión para revelar, por fin, el nombre auténtico de uno de los artistas con la trayectoria vital más sorprendente que ha dado nuestro país.

Publicaciones: El País Gráfico, El Sembrador, El Sr. Daixonses i la Sra. Dallonses, L'Esquella de la Torratxa, La Humanitat, La Nova Catalunya, L'Opinió, Lleida, Minerva, Papitu.