Kalders
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Kalders

Kalders fue el pseudónimo con el que, en sus años de juventud, el gran escritor catalán Pere Calders pretendía ocultar su identidad. Bajo este nombre produjo toda su obra como dibujante humorístico, principalmente antes de y durante la Guerra Civil, y en contadas publicaciones. Exiliado en México dibujó para un diccionario ilustrado, pero solo para ganarse la vida y sin ningún aliciente artístico ni humorístico. Este trabajo lo agotó hasta el punto que prometió que si conseguía ganarse la vida escribiendo no volvería a dibujar y, llegado ese momento, llegó incluso a tirar todas sus herramientas de dibujo para no tener la tentación de volverlas a usar. Fue una lástima porque el dibujante Kalders fue también un caricaturista formidable que jugaba magistralmente con el claroscuro, con la composición de los dibujos y con la distribución de los personajes.

Pere Calders nació el 29 de septiembre de 1912 en el número 274 de la calle Rosselló de Barcelona, hijo del escritor Vicenç Caldés Arús y de Teresa Rusiñol. Pasó la infancia entre Sant Cugat (Barcelona) y una propiedad familiar cerca de Sabadell (Barcelona). A los 8 años se trasladó al barrio del Clot de Barcelona e ingresó en la sección de párvulos que había en el Paseo de Sant Joan, donde aprendió caligrafia con el sistema Montessori, que por aquel entonces era muy popular. De ahí pasó a l’Escola Catalana Mossèn Cinto, que curiosamente se encontraba en un edificio donde trabajó cuando regresó de México en 1963, situado en el mismo Paseo. En este colegio coincidió con Avel·lí Artís Gener (Tísner), con quien mantendría la amistad toda la vida y, de hecho, incluso llegaron a ser cuñados. Con Tísner se matriculó en la Escuela Superior de Bellas Artes, donde tuvo a Ramon Calsina como profesor, y los dos amigos entraron a trabajar como periodistas en el Diari Mercantil cuando la cabecera se catalanizó. La nueva etapa la dirigió Josep Janés y tuvo una vida muy breve. En esta publicación, Calders dibujó la cabecera y algún remate. En esos momentos su militancia política era en el partido Acció Catalana, pero más tarde pasó al Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC). Siguiendo a su amigo Tísner entró en La Rambla de Josep Suñol i Garriga y en 1936 se hizo cargo, junto con otros miembros del Sindicato de Dibujantes Profesionales, de la dirección de L’Esquella de la Torratxa, reviviendo de forma extraordinaria el veterano semanario. El dibujante Kalders publicó en esta revista la mayor parte de su obra humorística ya que entre 1937 y 1938 realizó más de setenta dibujos. La mayoría de estos dibujos se reprodujeron en 1991 en el libro Dibuixos de guerra, Kalders i Tísner. También realizó alguno para Papitu, otro título clásico de las publicaciones satíricas barcelonesas que también había sido incautado por el Sindicato de Dibujantes Profesionales.

En 1936, tras haber fundado un estudio de publicidad llamado C.C.C. (Calders, Cots i Clusellas), Josep Janés le editó su primer cuento, El primer Arlequí, que se publicó con sus apellidos ortográficamente normalizados: Calders i Rossinyol. En 1937 fue como voluntario al frente de Teruel, donde lo destinaron a cartografía. Durante la contienda escribió en Mirador, Diari de Barcelona-Estat Català y en Catalunya y siguió publicando libros como Unitats de xoc, ilustrado por Enric Clusellas (Nyerra). Con el fin de la guerra partió al exilio por el puerto de montaña del Coll d’Ares hacia Francia, y fue internado en un campo de Prats de Molló junto con Tísner y Clusellas. Finalmente, tras una breve estancia en Tolouse, consiguió embarcar en Burdeos con destino a México y llegó a Veracruz el 27 de julio de 1939.

En México pasó 23 años, publicó libros y colaboró en varias publicaciones catalanas en el exilio como Full Català, Quaderns de l’exili, Revista de Catalunya, Pont Blau, etc. También ganó premios en varios Juegos Florales, trabajó con Tísner de fotógrafo (afición que le duró toda la vida) en Publicistas Mexicanos, donde le pagaban un peso por trabajo, y en 1945 entró en UTEHA (Unió Tipogràfica Editorial Hispano Americana), donde le encargaron todas las ilustraciones de un voluminoso diccionario enciclopédico. Allí acabó aborreciendo el dibujo tras tener que realizar tantas ilustraciones de forma mecánica y sin ningún tipo de aliciente aparte del monetario.

En 1943 se divorció de su primera esposa, Mercè Casals, con quien se había casado en 1935, y con quien había tenido un hijo, Joan Caldés, y se casó con Rosa Artís, hermana de Tísner, con quien tuvo tres hijos: Raimon, Glòria y Teresa.

En 1954 su vida dio un vuelco cuando su padre presentó su libro Cròniques de la veritat oculta al premio Víctor Català, en Barcelona. Ganó el certamen, lo que representó el inicio de su carrera como escritor. A este lo siguieron otros libros hasta que, a finales de 1962, toda la familia se embarcó en México a bordo del Covadonga. Llegaron a Bilbao, donde los esperaba su padre, y una vez en Cataluña se instalaron en Sant Cugat. Calders pronto encontró trabajo en la Editorial Vergara, de donde pasó a Montaner & Simón (situada en el edificio donde ahora se encuentra la Fundación Tàpies) y empezó a colaborar con varias publicaciones como Canigó, Serra d’Or o el periódico Avui. En 1963 se consagró definitivamente cuando ganó el premio Sant Jordi, dotado con 150.000 pesetas, con el libro L’ombra de l’atzavara, ambientado en México.

La familia se trasladó a Barcelona, a la calle Borrell, casi al lado del domicilio de su cuñado Tísner, y pasaban los veranos en Llançà (Girona). Calders colaboró en el infantil Cavall Fort y en Tele/estel, el primer semanario autorizado en catalán durante el franquismo. En 1969 recibió el premio Crítica Serra d’Or por Tots els contes y en 1978 estrenó Antaviana con la compañía teatral Dagoll Dagom. La obra fue un gran éxito y se representó en varios países. Él siguió coleccionando premios y distinciones y en 1982 la Generalitat le otorgó la Creu de Sant Jordi y en 1986 recibió el Premio de Honor de las Letras Catalanas y el PEN Catalán presentó su candidatura al Premio Nobel.

En 1990 también escribió en el semanario valenciano El Temps, creación de Eliseu Climent. Entre 1992 y 1993 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Barcelona y la capital catalana le concedió la Medalla de Oro al Mérito Artístico de la Ciudad y también recibió el Premio Nacional de Permiodismo. Estas distinciones se vieron enturbiadas cuando le diagnosticaron un cáncer que le causó la muerte el 21 de julio de 1994. Su cuerpo fue incinerado en Collserola y sus cenizas se depositaron en una urna en un monumento del paseo marítimo en el puerto de Llançà, donde figura la siguiente inscripción: “Aleshores, jo, sense el pes de la carn, em sentiré deslligat de mans i, si finalment resulta que n'hi ha, aniré al cel, on passaré una llarga temporada.” [“Luego yo, sin el peso de la carne, me sentiré las manos desatadas, y si finalmente resulta que existe, iré al cielo, donde pasaré una larga temporada.”].

Lluís Busquets, en una entrevista, explica que Calders le confió que al principio escribía para sí mismo, pero que siempre se divirtió mucho escribiendo. Además de ser una persona de una modestia y educación extraordinarias, y un escritor excepcional, también fue un dibujante fugaz. Sus dibujos, sin embargo, estuvieron siempre impregunados por los mismos conceptos que volcaba en sus narraciones. En su obra predominan las historias absurdas, generalmente humorísticas, con finales sorprendentes y algunos toques de magia.

Publicaciones: Avui, Canigó, Catalunya, Cavall Fort, Diari de Barcelona-Estat Català, Diari Mercantil, El Temps, Full Català, La Nostra Revista, La Rambla, L'Esquella de la Torratxa, Lletres, Mirador, Papitu, Pont Blau, Quaderns de l'exili, Revista de Catalunya, Revista dels Catalans d'Amèrica, Serra d'Or, Tele/estel.