Junceda
Junceda Bibliografía

Cadena, Josep Maria:

Els dibuixants del ¡Cu-Cut!, Junceda, tres volúmenes, Àmbit, Barcelona, 2014.

Elias, Feliu:

Els homes d’En Patufet, Junceda, David, Barcelona, 1925.

Prat Ubach, Pere:

Junceda, home exemplar, Aedos, Barcelona, 1958.

Junceda

Junceda fue el dibujante de humor e ilustrador más completo e interesante que hubo en Cataluña en su tiempo. Su primer apellido era compuesto (García-Junceda), pero él solía firmar Junceda, J., J. G-Junceda ocasionalmente, o mostraba sus trabajos anónimamente cuando publicaba varios de ellos en el mismo número de una revista. También utilizó durante unos años el seudónimo Titella en el semanario En Patufet, y cuando colaboraba en revistas nacionalistas catalanas como La Tralla unía la jota del nombre de pila con la jota de la segunda parte de su primer apellido, creando una especie de nota musical.

Hijo y nieto de militares, sus tíos también pertenecían al Ejército, al igual que las amistades cercanas de la familia como el teniente coronel Granados, padre del que después fuera el famoso compositor Enrique Granados (padrino de bautizo de Junceda). El castellano era la lengua de comunicación entre todos ellos. La familia García-Junceda, por intermediación del padre, era abierta a la lectura, la música y la cultura en general, por lo que el joven Junceda y sus dos hermanas recibieron una educación de amplias miras respecto a su época, lo que explica que fuera posible la evolución ideológica del futuro dibujante profesional hacia posiciones catalanistas. De niño le gustaba dibujar animales, caballos preferentemente, y hacer caricaturas.

Entregado en su primera infancia a los cuidados de una niñera, como era habitual en su época entre las familias de clase medianamente alta, Junceda fue muy mal alimentado y estuvo incluso a punto de perder la vida. El padre, avisado, le rescató y consiguió que se recuperara, aunque siempre le quedaron secuelas. Estudió el bachiller en Barcelona y Lleida, y, fallecido el progenitor, la familia le indujo a optar por la carrera militar. Enviado a Toledo, estudió las oposiciones a cadete de la Academia de Infantería, pero suspendió los exámenes. Entonces, de vuelta a la Ciudad Condal, un antiguo militar, socio de los Grandes Almacenes El Siglo, accedió a contratarle en el departamento de contabilidad de la empresa. Las funciones de contable no eran las apetecidas por aquel joven empleado, que aprovechaba los momentos de descanso para dibujar caricaturas. Esto llevó a que un malevolente compañero le denunciara para que le despidieran, pero la dirección decidió aprovechar las habilidades para el dibujo de Junceda y trasladarlo a la sección encargada de confeccionar el amplísimo catálogo de productos a la venta. Aunque esta tarea tampoco era del gusto del artista, le permitió adquirir soltura con el lápiz.

Interesado por las revistas de humor gráfico, se ofreció espontáneamente a varias de ellas, aunque sin suerte. Finalmente, a finales de 1902, envió unos dibujos al semanario ¡Cu-Cut! bajo la firma Ribera (segundo apellido de su madre), y le invitaron a mantener una entrevista en la sección de respuestas a los colaboradores espontáneos. Acudió, le aceptaron lo que había presentado, le asignaron una retribución por cada dibujo y le invitaron a que enviara otros. Todavía no era un dibujante formado, y se advertía que se inspiraba en modelos de publicaciones alejadas de lo que ¡Cu-Cut! pretendía alcanzar, pero Gaietà Cornet, director artístico del semanario, creyó que tenía posibilidades creativas dentro del humor y le apoyó.

Aquel comienzo le entusiasmó, envió nuevos dibujos y realizó una prueba especial para demostrar que sabía ser original porque un anónimo le había acusado de limitarse a copiar. Sin embargo, no recibió ningún pago por sus trabajos y, convencido de que había sido engañado, puso fin a la colaboración. Lo que había sucedido era que el encargado de pagarle se quedaba el dinero, por lo que, aclarado y resuelto el incidente, Junceda se incorporó a la nómina de dibujantes y pronto fue un elemento importante de la publicación, pasando a formar parte del consejo de redacción semanal.

Junceda se integró tanto humanamente, conectó con sus compañeros Gaietà Cornet, los hermanos Manuel y Josep Maria Folch Torres, Eduard Coca Vallmajor K.O.K., Feliu Elias Apa, Joan Llaverias, Josep Morató y Ricard Opisso, así como con el editor Josep Baguñà, como ideológicamente a ¡Cu-Cut!. La publicación, movida con precisión editorial, respondía a móviles patrióticos catalanistas. Posteriormente, refiriéndose a sus comienzos, diría de sí mismo que él era una "casa fundada en 1902", igual que los establecimientos que presumen de antigüedad.

El periodo entre 1902 y 1912 fue muy importante para la madurez artística y la asunción de compromisos políticos del dibujante. Un chiste gráfico de su autoría en que se contraponía una victoria electoral catalanista a las derrotas del Ejército español, publicado el 23 de noviembre de 1905, conllevó un asalto militar a la redacción de ¡Cu-Cut!, la suspensión de la publicación y la aprobación de la Ley de Jurisdicciones que sometía los delitos contra el Ejército a los tribunales militares.

Junceda participó en otras publicaciones de la editorial Baguñà como Garba, En Patufet, Mundial Humor, Virolet y Esquitx y en muchas más (La Tralla, Metralla, La Nova Tralla, La Tralla del carreter, La Senyera, El Gràfic, Literatura sensacional, De tots colors, Papitu, Or y Grana, El Gall, La Piula, L’Estevet, D’ací i D’Allà, Bella Terra, Pro Ex Libris, Bon Seny, Cuca Fera, Els contistes catalans, Llegiu-me, El Senyor Canons, El Foc, El lliri blanc, L’Àngel, Recull, etc).

A su vez, hay que destacar la elaboración de las portadas de los cuentos que la publicación En Patufet repartía semanalmente entre sus suscriptores y las ilustraciones de los cuentos de la Biblioteca Patget, muchos escritos por Josep M. Folch Torres (los más conocidos fueron: Aventures extraordinàries d'en Massagran, Noves aventures d'en Massagran, En Bolavà detective, Aventures d'en Bolavà al país dels xinos, La família del capità Delmar, Els fills del capità Delmar, La fortuna d'en Pere Virolet, El retorn accidentat d'en Virolet, La vida extraordinària de Jaumó Rabadà y La glòria d'en Jaumó Rabadà).

La estrecha colaboración entre Josep Maria Folch Torres y Junceda condujo a que Junceda ilustrara durante años los textos que escribía el primero (al principio bajo el seudónimo El Narrador Gentil y luego con su nombre) en la sección Pàgines viscudes del semanario En Patufet, que gozaban de gran predicamento en muchos hogares catalanes.

Junceda también realizó carteles, anuncios, folletos, cabeceras comerciales, estampas de comunión, dibujos piadosos y toda clase de trabajos que le encargaron. Católico ferviente, aunque sin caer en extremos, participó en los calendarios de la Lliga del Bon Mot y en las revistas de divulgación piadosa de la Balmesiana. Su humor, fino y elegante, servía con eficacia a los propósitos edificantes que le guiaban. Se interesó por el grabado y llevó a cabo algunos aguafuertes muy notables, como el que hizo sobre Sant Jordi que, cansado tras su lucha contra el dragón, se retira a caballo arrastrando el cadáver de la bestia. La lectura, la música y la astronomía fueron algunas de sus aficiones más vivas.

Publicaciones: ¡Cu-Cut!, Garba, En Patufet, Mundial Humor, Virolet, Esquitx, La Tralla, Metralla, La Nova Tralla, La Tralla del carreter, La Senyera, Literatura sensacional, De tots colors, Papitu, Or y Grana, El Gall, La Piula, L’Estevet, D’ací i D’Allà, Bella Terra, Pro Ex Libris, Bon Seny, Cuca Fera, Els contistes catalans, Llegiu-me, El Senyor Canons, El Foc, El lliri blanc, L’Àngel, Recull.