Coll
Coll Bibliografía

Coll, Josep:

De Coll a Coll, Edició Albert Mestres i Josep Coll, Barcelona, 1984.

Cuadrado, Jesús:

Atlas español de la cultura popular: de la historieta y su uso (1873-2000), 2 volúmenes, Ediciones Sin sentido y Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Madrid, 2001.

Galmés, Gabriel:

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Guiral, Antoni:

Del tebeo al manga: Una historia de los cómics, volumen 8, Panini Comics, Torroella de Montgrí (Girona), 2011.

Martín, Antonio:

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Segura, Rosa:

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Solà-Dachs, Lluís:

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VV.AA:

Josep Coll, el observador perplejo, Diminuta Editorial i Trilita, Barcelona, 2015.

VV.AA.:

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VV.AA.:

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VV.AA.:

Tebeos. Las revistas infantiles, Asociación Cultural Tebeosfera, Sevilla, 2014.

Coll

Nació en la Plaza España de Barcelona un día que nevó mucho, en una casa que luego se derribó para construir un hotel destinado a la Exposición Universal de 1929. Esa circunstancia hizo que la familia Coll se trasladara al barrio de Sarrià. Su padre era contratista de obras y tenía una cantera en la que trabajaron tanto el futuro dibujante como su hermano. Era tan aficionado al dibujo que al regresar del servicio militar se presentó en la Editorial Toray con un fajo de propuestas gráficas. La editorial le encargó una serie de dibujos con el único personaje que crearía en su vida: El conde de Calvatiesa.

Coll, movido por su admiración por los autores del TBO, no paró hasta hablar con uno de los propietarios de la revista, el señor Viña. Contaba que la primera historia que realizó para TBO la dibujó en la cantera de su padre, sentado sobre un montón de grava. La historia, protagonizada por unas nubes, gustó. Le pagaron cien pesetas y Coll vio el cielo ya que, por aquel entonces, un peón de obra ganaba apenas noventa pesetas semanales. Así empezó su larga colaboración en la veterana revista. En 1950 dio el paso decisivo y dejó su trabajo para dedicarse exclusivamente al dibujo. Empezó imitando el trazo de Benejam y Urda, sus autores preferidos, pero pronto se libró de sus influencias y supo hallar un estilo que lo llevó a ser considerado uno de los maestros de la historieta. Adelgazó a sus personajes y los colocó en escenarios donde no tenían lugar cambios gratuitos ni saltos bruscos, manteniendo una perfecta relación entre viñetas, cosa que otorgaba a sus historias un aire verdaderamente cinematográfico.

Colaboró en varias revistas para adultos de breve trayectoria como ¡Tururut…!, dirigida por Cesc, y Locus, que fue una iniciativa de Joaquim Muntañola. A parte de eso, prácticamente solo trabajaba para TBO.

Poco a poco, el coste de la vida subía a medida que sus ingresos disminuían. Buscó otros trabajos, sobre todo en el extranjero, pero había quien le decía que su estilo no encajaba y otros le daban largas. Durante la década de los 60 ilustró algún cuento para la revista Lecturas, pero para entonces ya estaba considerando seriamente regresar al andamio, a la gaveta y al ladrillo. Veía cómo todos sus antiguos compañeros de oficio habían prosperado, pero él, persiguiendo su sueño de dibujar, se había quedado en la estacada. Después de varias conversaciones con los propietarios de TBO, que entonces estaban constituidos en la empresa Buigas, Estivill y Viña S.L., en 1964 dio el paso definitivo y retomó su empleo en la construcción.

Coll pasó así diecisiete años totalmente apartado del dibujo, aunque veía con sorpresa cómo sus antiguas historietas, que el TBO seguía publicando, tenían bastante éxito.

En 1982 le llamaron del periódico semanal Primeras Noticias para pedirle unos dibujos., también se pusieron en contacto con él los organizadores del Salón Internacional del Cómic de Barcelona para pedirle que participara en una exposición y le pidieron dibujos para una nueva revista para adultos llamada Balalaika. De repente se dio cuenta de que había vuelto a hacerse popular y que su obra era reconocida y admirada, de modo que decidió volver a dibujar, aunque, esta vez, sin abandonar su oficio. En 1984 entró a colaborar en la revista de “línea clara” Cairo, dirigida por Joan Navarro, aunque su estilo no acabó de casar con el material moderno de la publicación.

Su carácter, sin embargo, había cambiado, y sufría depresiones con frecuencia. El 14 de julio de 1984 se suicidó en la bañera de su casa.

Para la mayoría de los aficionados, los dibujos de Coll siguen teniendo plena vigencia y sus historietas se recuerdan como uno de los mejores trabajos humorísticos de los que se hicieron durante los años cincuenta y los primeros sesenta.

Publicaciones: Balalaika, Cairo, El Mono Gràfic, Jim Phoscao, KKO, La Risa, L'infantil, Locus, Mundo infantil, Pocholo, Primeras noticias, Timoteo, Tribulete, ¡Tururut...!, Viñetas

Series: Cejudo Gorílez (Pocholo, 1945), Cocoduro, el Conde de Calvatiesa (Chispa, 1946), Primitivo Cuadrete (La Risa), En Bufa i en Pumpu (L’infantil, 1963), El Conde de Calvatiesa