Bartolí
Bartolí
Bibliografía

Bartolí, Josep:

La Retirada, exode et exil des républicains d'Espagne, text de Laurence Garcia, Actes Sud, Arles (França), 2009.

Bartolí, Josep:

Caliban, Ediciones Ruedo Ibérico, París, 1972.

Bartolí, Josep:

The black man in America, 1975.

Bartolí, Josep:

Campos de concentración, ACVF Ed. Madrid, 2005.

Cañameras, Jaume:

Conversa amb Bartolí, l'Abadia de Montserrat, Barcelona, 1990.

Cuadrado, Jesús:

Atlas español de la cultura popular. De la historieta y su uso, Editorial Sinsentido, Madrid, 2000.

Parcerisas, Pilar:

Josep Bartolí, un creador a l'exili, Diputació de Barcelona, Xarxa de Municipis, Barcelona, 2002.

Sade, Marqués de:

La filosofía en el “boudoir”, dibuixos de Bartolí, Ruedo Ibérico, París, 1975.

Bartolí

Su padre era músico y se quedó viudo muy pronto. Su principal preocupación fueron sus hijos, y especialmente Josep, que se crió en la calle y que, cuando le tocó, realizó el servicio militar en el Castillo de Montjuïc, coincidiendo con los años de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Como tenía querencia por el dibujo, estudió en la Escuela Llotja y asistió como oyente a la facultad de medicina para poder familiarizarse con la anatomía del cuerpo humano, al mismo tiempo que, junto con su hermano Joaquim, que trabajaba como escenógrafo, intentaba aprender los secretos de ese oficio.

Entre 1933 y 1935 realizó colaboraciones en los periódicos La Veu de Catalunya, L’Esquella de la Torratxa, La Ciutat y el sicalíptico Papitu. Por aquel entonces, Bartolí vivía y cobraba cuando y como podía, ya que las publicaciones no eran muy puntuales en ese aspecto. Se marchó de la casa familiar y vivía o bien en pensiones que a veces abandonaba sin pagar o bien se quedaba a dormir en su lugar de trabajo o en casa de su hermana Rosita. En resumen, llevó una vida desordenada hasta que el comienzo de la Guerra Civil le hizo tomar conciencia de la situación.

Junto con los compañeros del Sindicato de Dibujantes Profesionales, fundado por Helios Gómez, en 1936 ocupó el Palacio de los Marqueses de Barberà que se convirtió a partir de entonces en la sede del sindicato y en el lugar del que salieron un montón de carteles de propaganda. Se alistó en una columna que marchaba a liberar Zaragoza, pero la columna fue violentamente atacada y, en la desbandada general, Bartolí fue acusado de desertor y estuvieron a punto de fusilarlo. Se salvó y regresó a Barcelona, pero al poco tiempo regresó al frente.

Con el final de la guerra (1939) se exilió en Francia, donde fue internado sucesivamente en los campos de Argelès-sur-Mer y Saint Ciprien. Cuando pudo salir marchó a Perpiñán, a Burdeos y a París, ciudad que abandonó para irse a Marsella con la llegada de los alemanes. A pesar de eso, fue detenido y trasladado al campo de Bram, donde permaneció hasta que un amigo colombiano consiguió sacarlo y lo ayudó a instalarse en el pueblecito de Valràs Plage, donde pasó casi tres años. Tuvo la desgracia de enfermar y lo trasladaron al Hospital Militar de Perpiñán, pero consiguió huir en tren a París con el dinero que le mandó su hermano. Siempre con el miedo latente a los alemanes, realizó un largo periplo por Orleans, Chartres, Burdeos, Lyon y Marsella donde, con la ayuda de Josep Tarradellas, consiguió embarcar hacia África. Cuando llegó a Casablanca pudo subir finalmente a bordo del vapor Nyassa, esta vez con destino a México. Cuando llegó se reencontró con antiguos compañeros como Anna Murià, Agustí Bartra o Vlady y conoció a nuevos como los pintores mexicanos Frida Kahlo y Diego Rivera.

En México dibujó figurines para películas como La monja alférez (1944) con María Félix o Marna (1945) y también realizó portadas para El Mundo y La Capital, pero cada vez alternaba más su estancia con viajes a Estados Unidos, concretamente a Nueva York. En 1948 obtuvo la nacionalidad mexicana y en 1962 también obtuvo la estadounidense. Fue precisamente en Nueva York, en 1946, donde realizó una exposición en el American British Art Center. Allí se encontró con otros exiliados como Shum y Josep Escuder. Este último le proporcionó un contrato con la Editorial Curtis de Filadelfia, que publicaba la conocida revista Holiday. Allí dibujó muchas portadas, que fueron el motivo por el cual el genial dibujante Alfons Figueras dijo que Bartolí fue el mejor ilustrador que tuvo la famosa revista.

Bartolí ya no era un desconocido, y se ganaba bien la vida. En enero de 1947 viajó a París, donde permaneció poco más de un año. Viajaba constantemente y, en una de sus escapadas de trabajo, llegó a Hollywood. Como era un hombre simpático y atractivo trabó amistad con algunas de las estrellas cinematográficas del momento como Clark Gable, Lana Turner y Robert Taylor. Además, participó en la escenografía del film El Capitán de Castilla, protagonizado por Tyrone Power, y se relacionó con directores de películas de dibujos animados.

En 1953 se casó con Michelle Stuart en México. Michelle fue una más de las mujeres que formaron parte de su historia sentimental. La primera fue un amor de juventud en Barcelona, María Valdés, que desapareció sin dejar rastro y a quien recordaría toda la vida. De 1946 a 1952 vivió un romance apasionado con la pintora Frida Kahlo (que le decía que por la noche escuchaba canciones españolas en la radio esperando oír una en catalán de las que le gustaban a Bartolí). Unos años después de su boda, se divorció de forma amistosa de Michelle Stuart. Finalmente, en una fiesta en Nueva York, conoció a Bernice Bromberg, con quien vivió cuarenta años. Ella fue la mujer que lo acompañó hasta la muerte.

En 1973 le dieron un premio de la Fundación Mark Rothko y empezó una serie de exposiciones que lo llevaron desde Nueva York a México, São Paulo, Caracas, Nueva Jersey, Madrid, Barcelona, Zagreb y, finalmente, Jerusalén. También hizo libros como Calibán que, a causa de la censura, no se pudo publicar hasta que en el año 1972 la Editorial Ruedo Ibérico lo editó en París, e ilustró una historia titulada Marquès de Sade, filosofia d'un boudoir (1975) mientras seguía colaborando con periódicos y revistas como la ya citada Holiday o el periódico Excelsior.

Su corazón fue acercándolo a Cataluña. En 1976 realizó una exposición en Perpiñán y un año más tarde volvió a pisar tierra catalana. Él, que se declaraba “un home dispers en el món” (“un hombre disperso en el mundo”), durante los años 80 regresó de visita varias veces hasta que en 1989 se empadronó en Terrassa. Murió en Nueva York en 1995, pero sus restos, a pesar de todo, reposan en Premià de Mar.

Publicacions: Awards Auto Worder, Excelsior, El Mundo, El Noticiero Universal, España Libre, Holiday, Icaria, La Capital, La Ciutat, La Humanitat, La Rambla, La Veu de Catalunya, Lecturas, L'Esquella de la Torratxa, L'Opinió, Papitu , Saturday Evening Post, Solidaridad Obrera, Última Hora.