Bibliografía

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Barradas

Su nombre verdadero era Rafael Pérez Giménez. Nació en Montevideo, hijo del extremeño Antonio Pérez Barradas y la andaluza Santos Giménez Rojas. Tuvo una hermana mayor, Carmen (1888), que fue pianista, y un hermano menor, Antonio (1892), que fue poeta y escritor. Siempre se lo ha conocido por el segundo apellido de su padre: Barradas.

Desde muy niño sintió el deseo de expresarse a través del dibujo y de la pintura, influenciado sin duda por su padre, también pintor, aunque a él siempre lo atrayeron más los ambientes innovadores que el clasicismo. En su país publicó dibujos en El Tiempo, La Semana y Bohemia, e incluso llegó a fundar una publicación llamada El Monigote en 1913, que combinaba sátira y arte. Pero en 1914, casi sin buscarla, se le presentó la oportunidad de viajar a Europa. El joven Barradas fue a Buenos Aires y allí conoció a un muchacho que estudiaba canto y acababa de ganar una beca para estudiar en Italia. Este amigo (Alfredo Médici) le propuso compartir el dinero de la beca y viajar juntos. Como el ambiente artístico de la capital argentina no acababa de gustarle, se decidió a lanzarse a la aventura. Una vez en Europa, después de pasar por Milán, París y Suiza, llegó a Barcelona y el primer trabajo que encontró fue como colaborador en la veterana publicación satírica y humorística L’Esquella de la Torratxa con una serie de dibujos. A pesar de su juventud, sus colaboraciones ya revelaban una forma de trabajar diferente, que prescindía de cualquier línea que no fuera absolutamente necesaria y prefería captar las emociones de un instante fugaz antes que retratar situaciones de forma minuciosa.

En 1915 viajó a Zaragoza. Allí conoció a Simona Lainez (a quien él siempre llamó Pilar), y se casó con ella. En Zaragoza también realizó su primera exposición, que suscitó una gran polémica y causó la formación de bandos de partidarios y detractores. En esa ciudad colaboró en la revista Paraninfo e ilustró el libro de Joaquín Briz titulado Cuentos del Pilar. Al regresar a Barcelona conoció al pintor Joaquim Torres-Garcia (1874-1949), nacido y fallecido en Montevideo, pero con padres de Mataró (Barcelona), con quien expuso conjuntamente en las galerías Dalmau y colaboró en Un enemic del poble, la “fulla de subversió espiritual” (“Un enemigo del pueblo, la hoja de subversión espiritual”) que publicaba el poeta Joan Salvat-Papasseit.

Ese fue el momento del Vibracionismo, un estilo que participaba a la vez del cubismo y el modernismo y se caracterizaba por dar más importancia a las sensaciones que a buscar un reflejo auténtico de la realidad. Eran lienzos llenos de movimiento, como si las imágenes se vieran reflejadas en el agua de un lago con la superficie ligeramente ondulada por el viento. Este estilo acabó derivando en el Clownismo, marcado por la mezcla de colores y la simultaneidad de varios instantes sucesivos. Durante este periodo, Barradas vivió temporalmente en Madrid, donde conoció a Gregorio Martínez Sierra y diseñó el vestuario para sus obras. También ejerció como escenógrafo para el Teatro del Arte y para obras infantiles y colaboró en la revista Nuevo Mundo, donde publicaba Las Aventuras de Panchulo. También ilustró libros de la Biblioteca Estrella, como obras de Dickens y de Lope de Vega, e incluso diseñó juguetes. Participaba en una tertulia en el Café Oriente de la cual formaban parte Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel, entre otros. En 1919 tomó parte en el Salón de Humoristas organizado por José Francés con una exposición individual.

Fue durante este periodo (1918-1921) cuando Ángel Samblancat le hizo una semblanza literaria en la que lo describía así: “era un uruguayo bravío y arisco. Mitad indio, mitad gitano, con un cuerpo cetrino y huesudo, unas pupilas visioneras, unos dientes acerados y azulados de caníbal y unas languideces, ya acariciadoras, ya zarpeadoras de puma, como de tigre que se despereza en la pampa y acecha en el cañaveral”. Pero a pesar de este retrato tan rococó y cautivador, la verdad era que Barradas sufría tuberculosis y tuvo que ir a recuperarse a Luca de Jiloca, un pueblecito de la provincia de Teruel, porque empezaba a notar síntomas evidentes de la enfermedad que lo llevaría a la tumba.

Cuando creyó encontrarse algo más recuperado, se instaló en L’Hospitalet de Llobregat, en un piso muy humilde, donde vivió con su mujer y su hermana Carmen, que también era artista y tocaba el piano para amenizar las reuniones que celebraban con un numeroso grupo de intelectuales de varias disciplinas artísticas. Estas reuniones se hicieron famosas, y el piso pasó a conocerse como “El Ateneíllo”, ya que por él pasó gente tan conocida como Josep M. de Sucre, Federico García Lorca, Salvador Dalí, Joaquim Torres Garcia, Conrad Verdaguer, el poeta Gutiérrez Gil, el escultor madrileño Ángel Ferrant (que, como los mismos Barradas y Torres García, hablaba un catalán muy aceptable), Guillem Díaz-Plaja, Manuel Cuyàs y un largo etcétera.

Para explicar la profunda vocación que sentía por el arte y su plena dedicación a aquello que le daba la vida, Barradas decía que él realizaba su arte arrodillado y que nunca regateaba en su colaboración, se la pidiera quien se la pidiera. Colaboró en Arc Voltaic  junto con Joan Miró e ilustró varios libros para la Editorial Muntañola. Cuando dibujó para el libro Historietes per a nois lo justificó así: “Al margen de mi pintura soy escritor de historietas para niños. Llevo como un lastre sentimental que me hace aspirar a ser su Rey Mago”. En 1925, con motivo de la Exposición de Artes Decorativas e Industriales de París, fue condecorado con el Grand Prix.

La tuberculosis seguía avanzando y pasó la última etapa de su vida en L’Hospitalet, que por aquel entonces era un pueblo tranquilo. Durante esa época dibujó en la revista de Terrassa Alegría (1925-1928), subtitulada “Nuevo semanario infantil”, y en la revista Hèlix que Joan Ramon Masoliver inició en 1928 en Vilafranca del Penedès. También participó activamente en La Mainada (1921-1923) y en Revista de Oro, que tenía el sugerente subtítulo “El mundo en auto”. Era característico de sus dibujos que el texto siempre fuera debajo de la imagen, prescindiendo de los globos que en aquella época empezaban a aparecer en algunas historietas.

El 5 de noviembre de 1928 regresó a Uruguay convencido de que podría curarse respirando el aire de su tierra. Llegó el 25 de ese mes, gravemente enfermo y cargado con una gran cantidad de lienzos. Recibió un homenaje popular en el Teatro Solís, pero desafortunadamente no le quedó mucho tiempo para exponer ni hacer gran cosa porque la muerte lo sorprendió el 12 de febrero de 1929. Tenía apenas 39 años. Cuando la noticia llegó a Barcelona, sus compañeros de “El Ateneíllo” se fueron al puerto y arrojaron al mar algunos ramos de flores en su memoria desde el punto más meridional del espigón.

Publicaciones: Alegría, Alfar, Arc Voltàic, Blanco y Negro, Bohemia, Buen Humor, El Monigote, El Tiempo, Grècia, Hèlix, Horizonte, La Columna de Foc, La Gaceta Literaria, La Mainada, La Novela Roja, La Semana, La Semana Gràfica, L'Amic de les Arts, L'Esquella de la Torratxa, Mediodia, Nuevo Mundo, Papel de Aleluyas, Paraninfo, Perseo, Pinocho, Reflector, Revista de Oro, Revista de Occidente, Ronsel, Tableros, Ultra, Un Enemic del Poble, Vida, Vida Americana.

Series: Aventuras de Panchulo (Nuevo Mundo, 1920), Aventuras de Julito y Perico (Alegría, guión de Manegat, 1926), Los cuatro hermanos (Alegría, guión de Manegat).