Álvaro de Laiglesia
Bibliografía

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Cuadrado, Jesús:

Atlas español de la cultura popular: de la historieta y su uso (1873-2000), 2 volúmenes, Ediciones Sin sentido y Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Madrid, 2001.

Laiglesia, Álvaro de:

El baúl de los cadáveres, Academia de Humor del Patronato de Cultura, Pozuelo de Alarcón, 1995.

Laiglesia, Álvaro de:

La Codorniz sin jaula, Editorial Planeta, Barcelona, 1981.

Laiglesia, Álvaro de:

Cada Juan tiene su Don, Planeta, Barcelona, 1974.

Laiglesia, Álvaro de:

Cuatro patas para un sueño, Planeta, Barcelona, 1966.

Laiglesia, Álvaro de:

Con amor y sin vergüenza, Planeta, Barcelona, 1968.

Laiglesia, Álvaro de:

Concierto en "si amor", Planeta, Barcelona, 1967.

Martín Martínez, Antonio:

"Apuntes para una historia de los tebeos", Revista de Educación, núm.16, Madrid, 1968.

Tubau, Iván:

El humor gráfico en la prensa del franquismo, Editorial Mitre, Barcelona, 1987.

Velasco, Miguel Angel:

"Entrevista con don Álvaro de Laiglesia", El libro español, revista mensual del Instituto Nacional del Libro Español, número 166, Madrid, 1971.

VV.AA.:

La Codorniz, Antologia 1941-1978, Editorial Edaf, Madrid, 1998.

Álvaro de Laiglesia

Álvaro de Laiglesia nació en el año 1922 en San Sebastián. Miembro de una familia de muy buena posición (tenían incluso un chalé en el Monte Igueldo de esta ciudad donde veraneaban), con tres hijos y dos hijas. Su abuelo fue uno de los fundadores del Banco Español de Crédito, pero poco antes de la Guerra Civil la familia, que vivía en Madrid, empezó a pasar apuros económicos. Eso motivó que tuvieran que cambiar a menudo de domicilio y de colegio. Durante la Guerra Civil, cuando vivía junto con la madre y dos de sus hermanos en San Sebastián, con quince años recién cumplidos, Álvaro de Laiglesia ya tenía muchas ganas de escribir. Empezó publicando unos versos en la revista infantil Flechas y Pelayos, de la que pronto pasó a ser el subdirector. También escribió para San Sebastián y Frutos y Unidad. Mientras tanto, Miguel Mihura, que había fundado una revista de guerra llamada La Ametralladora, le ofreció el puesto de director jefe cuando tan solo tenía 16 años. Al término de la guerra colaboró a menudo en el periódico madrileño Informaciones bajo seudónimo, pero su familia le buscó un empleo más seguro y entró a trabajar en el Banco de España.

Sin embargo, su espíritu poco acomodaticio era demasiado fuerte y solo aguantó cien días en ese puesto. Como tenía ganas de ver mundo, se embarcó en el vapor Magallanes con destino a La Habana y allí su amigo Pepín Rivero le ofreció trabajo en el Diario de la Marina por 10 pesos semanales.

Cuando se cansó de Cuba y regresó a España empezó escribiendo en Domingo. Pero Miguel Mihura, que en 1941 había fundado La Codorniz, le ofreció esta vez ser el redactor jefe, cargo que también ejerció durante poco tiempo porque su sentido patriótico y sus simpatías germanófilas lo empujaron a alistarse a la División Azul, una división de infantería de soldados voluntarios españoles dentro del ejército de la Alemania nazi que tenía el objetivo de luchar contra la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. Fueron unos 50.000 voluntarios que, entre 1941 y 1943, actuaron, principalmente, en el sitio de Leningrado. Álvaro luchó por esa zona junto con su hermano Eduardo antes de ser herido en una pierna y tener que ser evacuado al hospital de Bromberg. Lo hirieron en una ciudad llamada Possad de la que guardaba muy mal recuerdo y, años más tarde, hizo esta confesión: “Gran parte de mi buen humor se debe a haber logrado salir con vida de aquel pueblo infernal”.

En el año 1943 regresó a Madrid y se incorporó a La Codorniz. Cuando, al año siguiente, el Conde de Godó compró el semanario, que pasó a imprimirse en los talleres de La Vanguardia en Barcelona, fue nombrado director, cargo que ocupó durante treinta y tres años. Desde la dirección dio un nuevo rumbo tanto al semanario como al humor español, que aún vivía anclado en las formas clásicas de las publicaciones de principio de siglo. Él es el inventor del popular subtítulo “La revista más audaz para el lector más inteligente”, y también de la renovación de contenidos y de autores, con nuevas secciones que ayudaron a hacer más popular a la revista y engrandecieron su memoria, como La cárcel de papel o El Papelín General. Pronto empezó a publicar los primeros pinitos de muchos nuevos dibujantes, que pronto alcanzaron gran popularidad. Esta larga etapa del semanario, en plena censura franquista, no estuvo libre de tropiezos, sobre todo en la época de la Ley Fraga (que daba falsas esperanzas sobre el control de la prensa por parte de la censura franquista). En 1973 la publicación fue suspendida durante cuatro meses y, en 1975, durante tres, además de recibir varias multas y advertencias que no hacían más que aumentar su popularidad y conseguir que buena parte del público comprara la revista con el único objetivo de descubrir mensajes transgresores que imaginaban ocultos o insinuados a medias.

De Laiglesia también escribió para el teatro y, junto con Mihura, en 1946, estrenó una pieza que fue uno de los éxitos de la temporada madrileña y arrastró a una multitud de espectadores, con un título tan particular como los de la mayoría de sus obras: El caso de la mujer asesinadita. Para TVE escribió guiones como Consultorio (1961), El tercer rombo (1966), Historias naturales (1967) y Animales racionales (1977).

Pocos años después del final de la Segunda Guerra Mundial empezó a escribir su prolífica serie de libros. Fueron casi cuarenta títulos que tocaban todos los temas del humor más desatado y absurdo. La mayoría fueron publicados por la Editorial Planeta, y algunos merecieron traducciones al alemán, al francés, al sueco e incluso al chino, como el titulado Yo soy Fulana de tal. Los libros que publicó y que fueron reeditados por Editorial Planeta con éxito durante mucho tiempo fueron: Un náufrago en la sopa (1944), El baúl de los cadáveres (1948), La gallina de los huevos de plomo (1950), Solo se mueren los tontos (1955), Dios le ampare, imbécil (1955), Los que se fueron a la porra (1957), Qué bien huelen las señoras (1958), En el cielo no hay almejas (1959), Yo soy Fulana de Tal (1963), Mundo, Demonio y Pescado (1964), Licencia para incordiar (1968), Nene, caca (1969), Mejorando lo presente (1971), Listo el que lo lea (1973), Tierra cachonda (1977), Los hijos de Pu (1979), Morir con las medias puestas (1980), Todos los ombligos son redondos (1965) y Una larga y cálida meada (1975).

A pesar del gran volumen de su obra escrita, tuvo tiempo para escribir guiones para la televisión, algunos con otro de sus hermanos, Juan Antonio, y para involucrarse en otra publicación efímera llamada Caramba en 1975. Al cabo de los años, y después de la muerte del dictador, la inefable La Codorniz empezó a hacer aguas (1977) y, con los nuevos tiempos, los dobles sentidos y eufemismos que la habían hecho tan popular perdieron su razón de ser. Las ventas del semanario empezaron a bajar y Álvaro de Laiglesia, después de treinta y tres años al mando, y a causa de unos tejemanejes turbios, tuvo que dejar la revista, que acabó desapareciendo a los pocos meses. Sin embargo, él tenía en la cabeza un nuevo proyecto y registró el nombre de otra publicación, La Nariz, que el destino no le permitió realizar.

Álvaro estaba casado con una mujer inglesa, Anne Heat, con quien tenía un hijo, Alex. Durante una visita a unos parientes en Manchester, el 1 de agosto de 1981, sufrió un infarto fulminante y fue enterrado en San Sebastián pocos días más tarde.

Publicaciones: Abc, Balalín, ¡Caramba!, Domingo, Diario de la Marina, Flecha, Flechas y Pelayos, Fotos, Frutos, Informaciones, La Codorniz, La Trinchera-La Ametralladora, Unidad.

Series: Cubillo y Pirracas (Flechas, 1938, dibujo de Aróstegui).