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Los Mundiales de Fútbol de Argentina de 1978 se presentaban muy politizados. Era lógico porque en Argentina existía una dictadura militar desde el año 1976, presidida por el Comandante en Jefe del Ejército argentino, Jorge Videla. Una dictadura sangrienta que se sirvió del terrorismo de estado para torturar y asesinar, y en la que "desaparecieron" unas 30.000 personas, según varias organizaciones de defensa de los derechos humanos.